Cosas por las que merece la pena vivir

‘Death is a great price to pay for a red rose,’ cried the Nightingale, ‘and Life is very dear to all. It is pleasant to sit in the green wood, and to watch the Sun in his chariot of gold, and the Moon in her chariot of pearl. Sweet is the scent of the hawthorn, and sweet are the bluebells that hide in the valley, and the heather that blows on the hill. Yet Love is better than Life, and what is the heart of a bird compared to the heart of a man?

La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor- y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Dulce es el olor de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?

“El ruiseñor y la rosa”, cuento de Oscar Wilde, de 1888; enlace a texto completo de cuento en inglés aquí y a una traducción al castellano aquí. Esto lo dice el ruiseñor cuando decide voluntaria y calladamente sacrificar su vida por lo más importante del mundo, el amor, para conseguir con el precio de su música y de la sangre de su corazón que de un rosal pueda crecer  una rosa roja que sirva para que un estudiante enamorado pueda bailar con su caprichosa amada en el baile, porque la amada ha puesto como condición para aceptar bailar con el estudiante que le entregue una rosa roja. El ruiseñor muere y la rosa roja nace y es muy hermosa y el estudiante no sabe nada del sacrificio del ruiseñor. Y la amada se niega a bailar con el estudiante, pese a ofrecerle la rosa, porque el vestido que va a llevar no pega con el color y porque, además, el sobrino del chambelán le ha regalado joyas de verdad y todo el mundo sabe que las joyas cuestan mucho más que las flores. El estudiante, enrabietado y desilusionado del amor, vuelve a su libro de Metafísica y tira la rosa a la calle y la destroza un carro que pasa por encima.

Bastante distinto es el monólogo de por qué merece la pena vivir, de Woody Allen, en “Manhattan”, película de 1979. En enumeración: Groucho Marx, un jugador de béisbol llamado Willie Mays (jugador de tenis, Jimmy Connors, en la versión doblada española), el segundo movimiento de la sinfonía Júpiter de Mozart, una grabación concreta del trompetista Louis Armstrong -o sea, jazz, probablemente de los años 20 del siglo XX-, películas suecas (es de suponer que se refiere a Bergman, tan admirado por Woody Allen), “La educación sentimental” de Flaubert, Marlon Brando, Frank Sinatra, las peras y manzanas de Cézanne, las gambas de tal restaurante con nombre de señor y el rostro de Tracy, la chica de 17 años de la que se ha enamorado el personaje cuarentón que interpreta Woody Allen.

Incluyo enlace a esta monólogo la versión en inglés y a la doblada en castellano.

Comparo ambos párrafos de contenido tan filosófico y pienso que muchos podríamos compartir el planteamiento del ruiseñor de Oscar Wilde y quizá también, al menos en parte, el de Woody Allen, aunque no a todos nos guste el béisbol, el jazz o Marlon Brando.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar que prefiero lo que dice el ruiseñor que se sacrifica inútilmente por un amor ilusorio y que habla de que lo merece la pena en la vida son los bosques verdeantes y los colores del sol y de la luna y el  aroma de hierbas y la  belleza de flores ocultas y humildes, más que  lo que describe Woody Allen; ese mundo urbano sin naturaleza y en el que solo existen las creaciones humanas, sean artísticas, deportivas o gastronómicas y donde solo se mira lo que se tiene delante a la altura de de los ojos y nunca se mira ni hacia arriba donde están la luna y el sol ni hacia abajo donde están las flores. Un mundo, además, solo y exclusivamente de varones que son grandes deportistas, componen inmortales sinfonías, tocan la trompeta magistralmente, dirigen películas de primer nivel, son grandes actores, escriben obras maestras sobre el amor, cantan canciones de amor a las mujeres, pintan pintura impresionista y hasta aparecen en el nombre de un restaurante, un mundo, en definitiva, donde no existen mujeres artistas, actrices ni cocineras ni nada y donde solo hay mujeres, y solo desde un punto de vista amoroso, siendo cuarentones, en la cara de una chica de diecisiete años.

Incluir en un post fotos de maravillosos bosques verdeantes y soles y lunas y flores es inútil, hay tantos en internet, y además es difícil que ninguna foto pueda transmitir en su plenitud la belleza de la naturaleza y además internet aún no permite que captemos el delicado aroma de las flores y las hierbas ni la sensación de la brisa en el campo en la cara. Sí puedo poner unas modestas fotos mías de flores y hojas, no por cómo son, sino por lo que puedan recordar, y algo muchísimo mejor, unos soles, unas lunas y unas estrellas de unos manuscritos antiguos.

 

 

 

 

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estrellas

Beato de Liébana

SOL Y LUNA ARUNDEL

BL Arundel MS 501

sol naples

Manchester, John Rylands University Library, Latin MS 53, fol. 58v

Pero lo que sí puedo poner es a un Groucho Marx desatado y absolutamente maravilloso cantando “I´m against it”, que se opone a todo y que está contra todo, sea lo que sea, da igual.  Imposible ver este vídeo y no pensar que Woody Allen, al menos en esto, sí tenía toda la razón.

Verónica del Carpio Fiestas

 

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Párvulos muertos

El Registro Civil se implantó con carácter general en España por una ley de 1870; antes había libros parroquiales. En esta fotografía, tomada por mí,

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de un libro parroquial de un pueblo de Palencia, Frómista, Iglesia de San Martín de Tours, constan las inscripciones de defunción, o, más bien, de entierro, de un mes y veinte días, febrero y marzo del año 1790. Constan cinco muertos,”párvulos”, o sea, niños y niñas de corta edad. Cinco niños de corta edad muertos en mes y veinte días en un solo pueblo, con sus nombres (Paula, Santiago, Vicente, Catalina).

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Según Wikipedia, Frómista tenía, cuarenta años antes de 1790, 227 vecinos, y cuarenta años después de 1790, 44 hogares y 1.482 vecinos; si los datos son fidedignos, no parece probable que en 1790 hubiera más habitantes que los de esas cifras. Imaginemos la espantosa mortalidad infantil de un país en el que con ese número de habitantes en un pueblo mueren cinco niños en un mes y veinte días, y cómo sería la vida de quienes tenían hijos sabiendo que morirían en esos porcentajes. Solo de pensarlo se ponen los de pelos de punta.

En esta otras imágenes de los mismo libros parroquiales y diversas fechas, al azar, también hay párvulos, o “parbulos”, muertos. Y en la inscripción referente a algunos, ni siquiera consta el nombre.

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Parecido, por cierto, a como siguió siendo en España hasta el año 2011, como residuo sorprendentemente prolongado en el tiempo de unas épocas nada lejanas, en medida historica, de unas terriblemente altas tasas de mortalidad infantil que en el siglo XIX persistían. El artículo 30 del Código Civil, aprobado en 1889 y vigente hasta la Ley 20/2011 del Registro Civil, de 21 de julio, decía lo siguiente: “Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”. Prescindo de lo de “figura humana”, que nos llevaría muy lejos recorriendo los caminos de la superstición y la misoginia; el inciso “viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno” significa, por ejemplo, y entre otras consecuencias, tales como que no computara a efectos de herencias, que a un bebé daba igual que los padres le pusiera nombre al nacer, porque si moría antes de las veinticuatro horas ni siquiera se le inscribía donde las personas, sino en el llamado “legajo de abortos”.

Uf.

Verónica del Carpio Fiestas

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¿Son felices las piedras?

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Esto lo dijo Rubén Darío; es su poema “Lo fatal”. Y ahora lo que dijo Séneca en su obra “Sobre la felicidad”:

Aunque las piedras y los animales carecen de temor y de tristeza, nadie los llamó dichosos, faltándoles el conocimiento de la dicha“.

Bueno, pues, a lo mejor nadie había llamado dichosas a las piedras hasta la época de Séneca, pero unos cuantos siglos después un poeta sí las llamó dichosas…

Verónica del Carpio Fiestas

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Ríos de tinta y manzanas

Ríos de tinta, y de dinero, se han vertido en relación con las manzanas que pintó el pintor impresionista francés Paul Cézanne (1839-1906). Pinto unas cuantas manzanas. Y es que “Avec une pomme, je veux étonner Paris!“, dijo Cézanne, según esta cita del Musée de l´Órangerie…

Por ejemplo estas carísimas “Las manzanas“, 1889-1890:

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O estas otras.

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Cuestión de gustos.

Porque hubo otros que tambien pintaron unas cuantas manzanas, y bastante antes. Por ejemplo, el pintor español Juan Sánchez Cotán (1560-1627), del para los españoles nada exótico pueblo de Orgaz. Y entre las manzanas que pintó estaban, por ejemplo, estas:

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Que son un fragmento de aquí:

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Para un análisis de “Bodegón de caza, hortalizas y frutas”, obra de 1602 que está en el Museo del Prado, enlace a la web del museo aquí.

¿Con cuáles manzanas se quedaría usted? ¿Le asombran las manzanas de Cézanne, como quería Cézanne que sucediera con París, o las de Sánchez Cotán? ¿O las dos? Porque por bastante menos dinero que preciso para comprar un Cézanne se habría podido comprar hace unos años un bodegón de Sánchez Cotán, con cardo aunque sin manzanas…

Verónica del Carpio Fiestas

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Cigüeña en gallinero

¡Huy, cómo llovía en la calle! Hjalmar podía oír la lluvia en su sueño y cuando Ole Cierraojos abrió una ventana, el agua llegaba al alfeizar. Era un verdadero mar lo que había fuera, pero el barco más espléndido estaba junto a la casa.

-¿Te vienes al mar, pequeño Hjalmar? -dijo Ole Cierraojos-. Así podrás viajar esta noche por el extranjero y estar mañana de vuelta.

Y en un instante se encontró Hjalmar con su traje de domingo a bordo del magnífico barco, y al momento se apaciguó el tiempo y navegaron a través de las calles, bordearon la iglesia hasta que se encontraron en alta mar. Navegaron tanto tiempo que perdieron toda vista de tierra y vieron una bandada de cigüeñas, que e marchaban también del país en busca de tierras cálidas; volaban una detrás de otra y ya habían volado muchísimo. Una de ellas estaba tan cansada que sus alas casi no podían ya tenerla, era la última de la fila y pronto quedo muy atrás, hasta que al fin se fue hundiendo cada vez más con las alas extendidas, dio un par de aletazos, pero sin resultado, rozó con sus patas los aparejos de la nave, resbaló por una vela y ¡pum! cayó sobre la cubierta.

Entonces el grumete la cogió y la metió en el gallinero, entre gallinas, patos y pavos. La pobre cigüeña se encontró muy avergonzada entre ellos.

-¡Vaya tipo! -dijeron las gallinas.

Y el pavo se infló tanto como pudo y preguntó quién era, y los patos se echaron hacia atrás, empujándose unos a otros:

-¡Grazna, grazna!

Y la cigüeña habló de la cálida África, de las pirámides y del avestruz, que corre como un caballo salvaje por el desierto. Pero los patos no entendían lo que decía y se empujaban unos a otros:

-¿Estáis de acuerdo en que es tonta?

-¡Claro que es tonta! -dijo el pavo haciendo glu-glu.

La cigüeña se quedó callada, pensando en su África.

-¡Vaya preciosidad de patas delgadas que tiene usted! -dijo el pavo- ¿Cuánto cuesta el metro?

-¡Cuá, cuá, cuá -rieron todos los patos, pero la cigüeña hizo como si no lo hubiera oído.

-¡Ríase también -le dijo el pavo-, que ha tenido mucha gracia! O quizá le resulta demasiado vulgar, ¡ak, ak! ¡Qué poco sentido del humor! Tendremos que seguir diviertiéndonos nosotros solos -y las gallinas cloquearon y los patos graznaron, ¡cuá, cuá, cuá! Era terrible lo divertido que lo encontraban.

Pero Hjalmar fue al gallinero, abrió la puerta, llamó a la cigüeña, que saltó a la cubierta junto a él. Había ya descansado y parecía que se inclinaba ante Hjalmar para agradecérselo. Después abrió sus alas y voló hacia las tierras cálidas, pero las gallinas cloquearon, los patos graznaron y al pavo se le subió la sangre a la cabeza.

-Mañana haremos sopa contigo -dijo Hjalmar, que se despertó y se encontró en su camita. Había sido, sin embargo, una travesía maravillosa la que Ole Cierraojos le había proporcionado aquella noche.

Fragmento del cuento “Ole Cierraojos“, de Hans Christian Andersen.

Por la selección,

Verónica del Carpio Fiestas

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Que se dice en este cuento de Gogol que la mujer fea no inspira respeto al hombre salvo que sea veinte veces más inteligente que el hombre

El teniente Pirogov decidió no abandonar la partida, aunque la alemana le había opuesto resuelta resistencia. No concebía que pudiera rechazarlo ninguna mujer, ya que su amabilidad y su graduación lo hacían plenamente merecedor de toda clase de atenciones. También debemos hacer constar que la esposa de Schiller era tonta de capirote, a pesar de lo bonita que era. Aunque, por otra parte, la tontería le presta un encanto especial a una esposa bonita. En todo caso, yo he tratado a un buen número de maridos que están encantados con la bobería de sus esposas, viendo en ella una prueba de ingenuidad infantil. La belleza hace verdaderos milagros. En una mujer hermosa los defectos no nos repelen, sino que ejercen una extraordinaria atracción sobre nosotros. Incluso el vicio es un encanto en ellas. Pero que una mujer carezca de belleza y habrá de ser veinte veces más inteligente que el hombre para inspirarle al menos respeto, ya que no amor.

Fragmento del cuento “La avenida del Nevá“, del escritor ruso Nicolai V. Gogol (1809-1852).

Por la selección,

Verónica del Carpio Fiestas

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Figuras siniestras en el balcón

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Según parece, esta obra del pintor español Francisco de Goya (1746-1828), “Majas en el balcón”, 1810-12, representa a dos prostitutas con sus chulos. Si quienes saben dan eso como opinión mayoritaria, habrá que darlo por bueno.

Y según parece, el impresionista frances Eduard Manet (1832-1883) se inspiró en esta obra de Goya, a raíz de un viaje a Madrid, para su obra “El balcón” (1868-69), y las personas representadas pertenecen al propio entorno familiar del pintor,  parientes o amigos.

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Y, según parece también, el pintor surrealista sui generis, o lo que sea, René Magritte, belga, 1894-1967, se inspiró en esta obra de Manet para la suya “El balcón”, de 1950.

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De un balcón de prostitutas y proxenetas en 1810-12 a un balcón de ataúdes de pie y sentados en 1950, y pasando por tres países.

El balcón es siniestro, sí. ¿Pero cuál? ¿El de Magritte, solo? ¿Seguro?

¿No es siniestro un balcón con mujeres expuestas a la venta y con los hombres que las “protegen”? ¿Sabía Magritte que Manet se inspiró en la obra de Goya y que la obra de Goya representaba a prostitutas y proxenetas? ¿Sabía Manet que la obra de Goya tenía ese tema? Y si Manet lo sabía, ¿por qué representó así a parientes y amigos? ¿Y los amigos y parientes de Manet sabían que estaban posando para un cuadro que se inspiraba en otro sobre prostitutas y chulos? ¿O Manet, caso de que lo supiera, se lo ocultó?

¿Qué es más siniestro, un balcón con ataúdes, no sabemos si llenos o vacíos, o un balcón de exposición de mujeres en situación de exclusión social y con sus explotadores o un balcón con grupo de personas más o menos burguesas que, inconscientemente o no, están en la pose que, en una obra anterior y que ha servido de inspiración, tenían prostitutas y proxenetas, y que además en este segundo cuadro se relacionan tan poco entre sí como entre sí se relacionan los ataúdes en la obra de Magritte?

Un ataúd sentado o de pie es siniestro, estamos de acuerdo. Pero ¿no es también siniestro que Manet pintara a una joven amiga violinista con una sombrilla en vez de con un violín y además en la pose de una joven prostituta de cincuenta años antes y además bastante más hermosa?

Y, yendo a más en plan siniestro, ¿cuál podría la siguiente obra siniestra de cuatro figuras en un balcón?

Así, puestos a pensar, se me ocurre otro balcón con otras cuatro figuras, y  ya con eso pasamos por cuatro países: las  cuatro figuras que aparecen mirando desde un balcón interior del Grant Museum of Zoology, en Londres. Eso sí que sería un paso más hacia lo siniestro… Tanto, que estoy por solo poner enlaces, y no incluir aquí la imagen, de las muchas de ese balcón que se ven  por internet y que usted, si quiere, puede buscar, para verlo más de cerca…

Al fin y al cabo, no hay tanta diferencia. Tanto los pintores como los pintados de los cuadros que he incluido en este post están todos muertos…

Verónica del Carpio Fiestas

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