Citas bibliográficas académicas

Los vivos y los muertos: relaciones de ultratumba

En la literatura sobre los vivos y los muertos hay frecuentes referencias a “sacrificios”, “ofrendas” y “culto”. Cuando llegué a África por primera vez, vi a un muchacho que lanzaba insultos al pie la colina donde estaba situada la misión. “Hijos de puta codiciosos”, gritaba mientras las lágimas se deslizaban por sus mejillas. “Os dimos cerveza. Os dimos una vaca. Dejad de poner enfermo a Zutano. Dejadnos en paz. ¡Largaos de aquí! No me importa que me matéis a mí también. Adelante. Entonces sí que iré por vosotros, hijos de puta”.

-¿Qué hace? -le pregunté al sacerdote-. ¿Le grita a la misión?

-Oh, no -contestó afablemente-, se trata del culto a los antepasados. Y lo de la vaca es mentira. Nunca la entregó”.

Normalmente resulta imposible distinguir entre la mentira y el simbolismo. Un amigo chino me contó una vez que había ofrecido un cerdo a los muertos. “¿Un cerdo entero?”, pregunté con cierta sorpresa, pues sabía que estaba lejos de ser un hombre acaudalado. Se rió. “No. Les engañamos. Lo que hacemos es ofrecer la cabeza y a veces también los pies. Entonces ellos ponen lo que falta y dan por hecho que también entregamos el resto”.

Así que las posturas serviles que adoptan los cristianos cuando rezan son solo uno de los modos de interacción con los espíritus. A estos se los puede camelar, amenazar y engañar. Un hombre avatip (Nueva Guinea) lo expresaba de forma más contundente: “Les daríamos palizas a nuestros espíritus ancestrales si fueran visibles para nosotros”.

(En todo esto, los “fieles” hacen que el etnógrafo se acuerde ante todo de sus colegas universitarios. No hay más que ver las huestes de predecesores muertos enumerados en sus bibliografías para darse cuenta de que -sean cuales sean las religiones que digan profesar- adoran a los antepasados. Y su comportamiento con esos predecesores no se diferencia demasiado del de muchos africanos hacia sus muertos.)

De “Bailando sobre la tumba”,

libro del prestigioso antropólogo Nigel Barley, 1995.Barley

Y por la elección del fragmento y la intención al elegirlo,

Verónica del Carpio Fiestas,

veinte años después

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