Dos gaviotas

Usted, naturalmente, conoce “La gaviota”, esa obra de teatro, y maestra, de Antón Chéjov, de 1896, que ha pasado a la Historia de la Literatura y cuya influencia es inconmensurable. A Nina se la compara con una gaviota, sale una gaviota disecada, Nina quiere dedicarse al teatro y la cosa acaba con un suicidio. Los expertos en teatro dicen que es de lo mejor que hay, y si lo dicen quién se lo va a discutir, aunque yo, personalmente, cada vez estoy menos interesada en Chéjov, tanto cuando lo leo -esta obra, y otras -como cuando lo veo representado. Sin duda es defecto mío.

Hay otra obra que también se titula “La gaviota”, del año 1849, que usted, naturalmente, no conoce, o quizá, como mucho, recuerde de una línea de su libro de Literatura del bachillerato, si tiene tan buena memoria. No es obra de teatro, ni obra maestra, ni nada influyente -salvo quizá en el insignificante mundo de la España isabelina-, no la escribió un hombre pese a que se llame el autor Fernán Caballero, y no ha pasado a la Historia de la Literatura más que como una curiosidad y/o rebajada a ejemplo de literatura costumbrista, algo que, por cierto, en efecto es. Y leerlo llega a convertirse en un ejercicio de voluntad porque resulta muy irritante su horroroso conservadurismo. No obstante, le recomiendo que la lea, esa obra o cualquier  cuento de Cecilia Böhl de Faber, “Fernán Caballero”, no por los valores literarios, sino por los valores históricos, incluyendo la abyecta adulación a Isabel II en algún cuento. Sin pretenderlo, ayuda a explicar muchas cosas la mentalidad que aparece en esas obras, incluyendo las guerras civiles que hubo en España en el siglo XIX. Desde la segunda década del siglo XXI, en que escribo esto, por mucho que intento siempre poner la literatura en su contexto histórico, me resulta incomprensible que se pudiera pensar así. Y la autora es, paradójicamente, una mujer muy inteligente, adelantada a su tiempo y con una biografía que merece la pena conocer más allá de las pocas palabras que le dedica la Wikipedia.

Los cincuenta años de diferencia entre las dos obras del mismo título, que no creo que haya visto usted mencionadas con frecuencia en un mismo texto, y tan alejadas geográficamente y en enfoque, forma y valor literario, pesan. Pero en los dos casos hay algo más que una coincidencia: en el fondo se trata de cómo una mujer que intenta ser libre no lo consigue, en un caso una actriz, en el otro una cantante. Y en uno de los casos, quien no es libre es, además, la propia autora. En fin.

Verónica del Carpio Fiestas

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