Poe iconoclasta

En la larga lista de obras de Edgar Allan Poe que no haber leído es una verdadera pena figuran “El pozo y el péndulo” -aparte de por su valor intrínseco literario, a alguien interesado mínimamente en serio en la Historia de España, Historia con mayusculas, le cautivará comprobar una vez más cómo circulan los tópicos más manidos, como si en 1808 pudiera de verdad haber una Inquisición así-, “El corazon delator”, “El barril de amontillado” y media docena más de cuentos que recoge cualquier antología, incluyendo, last but not least, “Los crímenes de la calle Morgue”, “La carta robada” y el resto de la serie Auguste Dupin. Todos se encuentran, gratis y fácilmente, por la web.

Una vez leídos y releídos y requeteleídos los básicos de Poe, ¿qué tal si se va algo mas allá? Añadir una nueva perspectiva  a temas clásicos me parece que presenta en sí mismo cierto encanto, y hay un cuento de Poe que no suele figurar en antologías, muy iconoclasta, “El cuento mil y dos de Sherezade”, que, por cierto, también se encuentra, fácilmente y gratis, por la web. Cómo Poe consigue darle la vuelta a las Mil y Una Noches, es fascinante y divertidísimo (ah, y me temo que también bastante misógino). Porque, por  si no lo recuerda, Sherezade, la mujer cuyo nombre se encuentra por ahí escrito de media docena  de formas, es la narradora de las Mil y Una Noches.

No se pierda este cuento, pero, por favor, solo lo lea tras haber leído otros de este autor; porque si no, se hará una idea bastante equivocada de su Literatura (mayúscula deliberada). Si tiene que empezar desde cero en la lectura de Poe, mejor comience por “El pozo y el péndulo”, fascinante y extraordinario cuento (le adelanto: va sobre Inquisición y torturas), o por “La carta robada”, que no solo tiene valor arqueológico como literatura policial, y psicológica, sino que no ha envejecido ni un día desde que Poe lo escribió allá por 1844, y que cada vez que lo releo me gusta más.

Y ya, ya sé que Poe tambien escribió poesía y que “El cuervo” es indispensable y tal. Pero qué le vamos a hacer, si no le veo el punto. De gustibus et coloribus non est disputandum.

Verónica del Carpio Fiestas

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