Una de romanos y griegos: no lea a Terencio y sí lea a Luciano de Samósata

Este post tiene un título desafortunado. Con ese título, quizá interprete quien esto lea que se trata de una  ironía y que en realidad quiero decir que sí hay que leer a Terencio y no leer a Luciano de Samósata, o Samosata como escriben otros. Peor aún; como el sentido de la contradicción es el sexto sentido para mucha gente, quién sabe si con ese título consigo lo contrario de que busco.

Terencio era romano, del siglo II a.C. Luciano de Samosata del siglo II d.C. de Samosata, entonces Imperio Romano, hoy Turquía, y que escribía en griego. Ahí tiene usted a Google para que le proporcione más datos. Lo que no encontrará por Google son valoraciones ¿subjetivas? como las que aquí  se hacen, y que resumo en una frase: si se anima usted a leer a autores romanos o griegos, cosa que le recomiendo, pero dispone usted de tiempo limitado -es decir, es usted una persona normal-, no haga caso de quienes le digan que Terencio escribía comedias, porque si eso son comedias, maldita la gracia, y lea a Luciano de Samósata, del que no tiene usted que perderse su descharrante viaje a la luna.

Le resumo el argumento de una “comedia” de Terencio titulada “El eunuco”. Un individuo de 16 años se enamora instantáneamente de una chica de su misma edad esclava a la que ve por casualidad por la calle un momento, y se las arregla para introducirse en la casa de la chica; una casa algo intermedio entre prostíbulo y casa decente, vivienda de una cortesana con varios amantes, uno de ellos hermano del joven. El chico se hace pasar por el esclavo eunuco que iban a regalar a la cortesana, y nada más entrar en la casa, aprovecha que la chica, con la que no ha cambiado palabra, está sola, para violarla. Ninguna duda existe de que se trata de una violación, y lo aclaro porque en muchas obras no siempre muy antiguas se denomina”violación” a cualquier sexo extramatrimonial, incluso si es consentido; la chica, que era virgen, se queda llorando, no puede ni contar lo ocurrido de la angustia y tiene las ropas destrozadas; por cierto que el destrozo de la ropa preocupa a  algún personaje casi lo mismo que la violación. La trama se complica con varios personajes, incluyendo el padre del violador y un miles gloriosus que, a diferencia de otros miles gloriosus no tiene gracia alguna, y que se jacta de que va a pegar a la chica cuando se la lleve, animado a ello por un gorrón, parásito o adulador, personaje también clásico, y aquí también sin gracia. Mientras tanto, a un esclavo  lo golpean para que mienta. Y así todo. La obra, que se lee con irritación, acaba con que se accede a la boda de la violada con el violador, una vez que se descubre que la chica no era en realidad esclava, sino libre; porque, claro, no es lo mismo violar a una esclava que se compra y se vende que a una ciudadana, y en cualquier caso lo que pueda opinar ella es irrelevante. Y a todo esto, el violador es presentado como un personajes resuelto y positivo, muy distinto de su hermano, débil de caracter. Y, no se lo pierda, así es también descrito ese violador, como un carácter positivo, en la introducción de la muy seria edición que tengo en las manos, y que no digo cuál es.

Esa es una comedia. Usted verá si quiere perder tiempo con ello.

Y lea ahora esto, de la “Historia verdadera” o “Relatos verídicos” de Luciano, a quen se suele citar como el padre remotísimo de la ciencia ficción:

Mi personal vanidad me impulsó a dejar algo a la posteridad, a fin de no ser el único privado de licencia para narrar historias; y como nada verídico podía referir por no haber vivido nada digno de mencionarse, me orienté a la ficción, pero mucho más honradamente que mis predecesores, pues al menos diré una verdad al confesar que miento. Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo por tanto sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello mis lectores no deberán prestarles fe alguna“.

Y a partir de ahí, los “relatos verídicos”, muy breves, que son una tontería tras otra. Una ristra de episodios a cual más descabellado, desde guerreros montados en buitres hasta vida en una ballena, desde murallas de diamante hasta vides que dan doce cosechas al año, desde trajes que son tejidos de araña hasta un viaje a la luna y peripecias con selenitas. De esos marineros que son a la vez embarcaciones, y qué parte de su cuerpo concretamente usan de mastil, mejor no digo nada, por autocensura.

Usted verá a quién prefiere leer,  a Terencio o a Luciano

Y si no quiere leer a ninguno, como es su derecho, permítame una recomendación heterodoxa, impropia de un post serio: que busque y vea una película musical muy divertida,  de encanto kitsch, de los años 60, titulada “Golfus de Roma”, también obra de teatro. Ahí sí que hay un miles gloriosus divertidísimo, que canta. El argumento le sonará a “El eunuco”, la inspiración es evidente, pero con una diferencia absolutamente esencial: el sexo es siempre consentido.

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Y si no sabe qué es un miles gloriosus, pues qué quiere que le diga; tanto detalle ya no le voy a contar.

Verónica del Carpio Fiestas

 

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