Mujeres amaestradas y de Plastisex: Juan José Arreola

Si no ha leído al escritor mexicano Juan José Arreola solo puedo decir que sus cuentos fantásticos los recomendaba nada menos que el mismísimo Jorge Luis Borges. En “Confabulario” literalmente fabulosos el cuento sobre el guardagujas, de tan kafkiana resonancia, y el de la migala, que me recuerda el de la lotería en Babilonia del propio Borges, con el destino incognoscible y la muerte acechante en la parábola de una lotería y de una araña.

Pero sobre todo no de deje de leer dos extraños y desasosegantes cuentos: el de “Una mujer amaestrada” y el de las mujeres de plástico en sustitución de mujeres reales, “Anuncio“.

“Ahora nos dirigimos a usted, dichoso o desafortunado en el amor. Le proponemos la mujer que ha soñado toda la vida: se maneja por medio de controles automáticos y está hecha de materiales sintéticos que reproducen a voluntad las características más superficiales o recónditas de la belleza femenina. Alta y delgada, menuda y redonda, rubia o morena, pelirroja o platinada: todas están en el mercado. Ponemos a su disposición un ejército de artistas plásticos, expertos en la cultura y el diseño, la pintura y el dibujo; hábiles artesanos del moldeado y el vaciado; técnicos en cibernética y electrónica, pueden desatar para usted una momia de la decimoctava dinastía o sacarle de la tina a la más rutilante estrella de cine, salpicada todavía por el agua y las sales del baño matinal.”
“Lejos de representar una amenaza para la sociedad, la venus Plastisex© resulta una aliada poderosa en la lucha por la restauración de los valores humanos. En vez de disminuirla engrandece y dignifica a la mujer, arrebatándole su papel de instrumento placentero, de sexófora, para emplear un término clásico. En lugar de mercancía deprimente, costosa o insalubre, nuestras prójimas se convertirán en seres capaces de desarrollar sus posibilidades creadoras hasta un alto grado de perfección.
Al popularizarse el uso de la Plastisex©, asistiremos a la eclosión del genio femenino, tan largamente esperada. Y las mujeres, libres ya de sus obligaciones tradicionalmente eróticas, instalarán para siempre en su belleza transitoria el puro reino del espíritu.”

Del de la mujer amaestrada, mejor ni lo transcribo. Porque si con ojos actuales con ingenuidad puede leerse como una dura crítica al machismo, pues sencillamente parece inconcebible que pueda ser otra cosa en pleno siglo XX, cuando se escribió, este cuento y otros, resulta que  quienes lo han estudiado a fondo lo interpretan como ejemplos de la misiginia del autor.  Y así se explican mejor  los muchos detalles chirriantes o francamente incómodos que en sus obras se ¿aprecian? por aquí y por allí.

Uf.

Verónica del Carpio Fiestas

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