¿Asentar la cabeza de una manera española?

Al fin, una pulmonía
mató a Don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din, dan!
murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo gran rezador.

Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo,
y un maestro
en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza
y asentóla
de una manera española,
que fue a casarse con una
doncella de gran fortuna.

Y repintar sus blasones
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.

Gran pagano
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
-¡aquel trueno!-
vestido de nazareno.

Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen Don Guido muy serio
camino del cementerio.
¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?

¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

Antonio Machado y la crítica social. Antonio Machado y la sátira social. Antonio Machado y la falsa religiosidad de las cofradías. Antonio Machado y la hipocresía.  Antonio Machado y la crítica feroz, como sevillano, a la Semana Santa sevillana (póngase en relación con otra crítica análoga, su poema “La saeta”). Antonio Machado y la crítica a una aristocracia que ya desde el siglo XVIII se divertía con diversiones populacheras, olvidando cualquier enfoque intelectual (póngase en relación con Fernando VII). Antonio Machado y la doble moral. Antonio Machado y el donjuanismo. Antonio Machado y la sátira o evolución de la literatura elegíaca (póngase en relación, sin falta, con las “Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique).

De todo esto, y de mucho más, se ha escrito probablemente y se puede escribir en relación con este poema,  “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido”.

¿Pero de “Antonio Machado y asentar la cabeza a la manera española” se ha escrito?

Porque hay mucho que escribir. Que un aristócrata juerguista venido a menos se case con una mujer rica, deseosa ella, o su familia -en este caso concreto es una “doncella”, sin voluntad jurídica relevante, luego sería su familia-, de conseguir un título nobiliario para subir en la escala social, en una transacción bastante comercial en el que uno aporte el título, y las relaciones sociales y el “prestigio” correspondientes, y  la otra la pasta, en modo alguno es una “manera española de asentar la cabeza”. La literatura europea del siglo XIX y primeros del XX está llena de casos de matrimonios concertados análogos, como negocios más o menos equitativos. Por ejemplo, las historias de cómo “ricas herederas” estadounidenses se casan con nobles británicos es casi un subgénero.

Así que por qué es “una manera española” hacer lo que en la misma época se hacía en tantos países, no lo comprendo.

El “braguetazo” y el intercambio de blasones por dinero no son solo españoles.

Y, por otra parte, el braguetazo, como la muerte por pulmonía, eso ha desaparecido, hace mucho, por estos lares. ¿O es ahora mismo la regla? Si era típico, ha dejado de serlo.

Lo que sí sigue es la Semana Santa pagana disfrazada. Y la sangre de los toros.

Y el señorito andaluz.

Vaya.

Verónica del Carpio Fiestas

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