Cuando el pudoroso Borges se permitió una bromilla escabrosa a cuenta de Cervantes

Quienes leen a Jorge Luis Borges habrán observado que su obra no contiene alusiones obscenas o escatológicas, y no digamos ya descripciones. El cuento “Emma Zunz”, sobre algo parecido a una prostitución ritual, no contiene nada  sobre el acto sexual en sí. En “El informe de Brodie”, con técnica clásica del manuscrito encontrado -la misma técnica del Quijote-, en esa falsa traducción de un falso informe de un inventado misionero escocés presbiteriano sobre la vida de una  extraña tribu en un lugar que no se menciona, y que por el contexto podría ser o la selva de Brasil o el centro de África (¡!), llega al extremo de fingir que la parte de manuscrito sobre las prácticas sexuales fue escrita en latín en el original, y que omite esa parte en la traducción:

Traduciré fielmente el informe, compuesto en un inglés incoloro, sin permitirme otras omisiones que las de algún versículo de la Biblia y la de un curioso pasaje sobre las prácticas sexuales de los Yahoos que el buen presbiteriano confió pudorosamente al latín.

[Y llegados a este punto, se impone un inciso que quizá resultará incomprensible dentro de unos años; y si así sucede espero que lo sea porque el buscador Yahoo haya desaparecido y no por porque se haya perdido la memoria de Swift y de Borges. “Yahoos” no es plural de “Yahoo”, el buscador de internet, sino un nombre usado por Jonathan Swift para un pueblo salvaje en unos  de los “Viajes de Gulliver”. Borges emplea el mismo nombre.]

Y volviendo al tema, creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme (¿o sí?) que solo una vez el pudoroso y según algunos asexuado Borges se permitió en su obra una bromita de carácter sexual; un chistecillo verde intelectual. Una única vez. Porque lo de “pudorosamente” que emplea Borges para referirse a la forma de escribir de un personaje de un cuento suyo es aplicable a la propia forma de escribir de Borges.

Naturalmente, esa bromita excepcional -en ambos sentidos- tuvo que ser en una obra conjunta, de las coescritas con Adolfo Bioy Casares, cuyo carácter era muy distinto del de Borges, y a quien se atribuye fama de donjuán apasionado por las mujeres, o ligón por decirlo en una palabra.

Borges y Bioy Casares se divirtieron mucho escribiendo bajo el seudónimo conjunto de H. Bustos Domecq. Pocos casos más fructíferos de colaboración literaria. Son deliciosos y de un extraordinario sentido del humor intelectual sus cuentos policiales (maravillosos) y sus pedantes falsas reseñas de obras de falsos autores y falsos artistas (extraordinarias). Y el tono es bastante distinto a las obras de Borges solo. En primer lugar sí figura alguna referencia a temas, digamos, escabrosos, por ejemplo en el cuento “El signo”, sobre un “pornografista”:

¡El anfitrión brillaba por su ausencia! Para no malgastar la caminata, opté por esperar un ratito, no fuera de repente a volver. Hacia la jabonera no demasiado lejos de la palangana y la jarra, había un alto de libros que me permití revisar. De nuevo le digo, eran de la Imprenta Oportet & Haereses y mejor no haberlo hecho. Bien dicen que cabeza en la que entra poco retiene el poco; hasta el día de hoy no puedo olvidarme de esos libros que hacía imprimir don Wenceslao. Las tapas eran con prójimas desnudas y de todos colores, y llevaban por título El  jardín perfumado, El espión chino, El hermafrodita de Antonio Panormitano, Kama-Sutra y/o Ananga-Ranga, Las capotas melancólicas, las obras de Elefantis y las del Arzobispo de Benevento. Qué azúcar y qué canela, yo no soy uno de esos puritanos exagerados y en tren de echar una cana al aire ni mosqueo con la adivinanza de color subido que sabe proponer el párroco de Turdera, pero, vea usted, hay extremos que pasan de castaño oscuro y resolví ganar la cucha. Salí marcando tiempo, le soy verídico.

Pero, a lo que iba, y esto ya sí es el chistecillo. Dentro del cuento “El testigo” figura una falsa nota a pie de página que a su vez tiene una nota aclaratoria. Un tal Bonfanti, personaje pedante a más no poder que aparece en otros cuentos de H. Bustos Domecq, y que en este es ya jesuita, tras haber sido antes escritor, escribe esta nota a pie de página, como comentario a un texto (y ya van dos veces que menciono el Quijote en un mismo post para hablar de Borges):

Valiente y oportuna sinécdoque, de donde se barrunta muy a las claras que el afortunado Sampaio no es de los afrancesados y gamilochos que ladronescamente alargan la mano al pequeño Larousse, sino que ha bebido de hinojos la leche de Cervantes, copiosa y varonil si las hay.

Y ello a su vez da lugar a otra nota, aclaratoria, de los propios editores o correctores, causada, según se dice por la intervención del mismo personaje Bonfanti, que se arrepiente de lo que ha escrito, y que exige la retirada de la nota, apoyado por el propio personaje del cuento:

Por un motivo que escapa a la perspicacia de esta Mesa de Correctores, el padre Mario Bonfanti, nerviosamente secundado por el señor Bernardo Sampaio, pretendió a última hora retirar la nota anterior, abrumándonos con telegramas colacionados, cartas certificadas, mensajeros ciclistas, súplicas y amenazas.

Res ipsa loquitur, que se dice.

Verónica del Carpio Fiestas

 

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