Embarazos mágicos

¿Ha constatado quizá usted el paralelismo entre ese cuento de E.T.A. Hoffmann sobre un embarazo mágico y el conocidísimo, o no, cuento “La marquesa de O” de Heinrich von Kleist? Porque no dudo que usted habrá leído los cuentos de Hoffmann, las 600 páginas o así de cuentos que escribió, incluyendo el famoso “El hombre de arena” y esos otros taaaan góticos, e incluyendo ese en el que sale la reina Isabel de Castilla en la toma de Granada, y esos de autómatas, alquimia y de espejos mágicos, y ese en el que sale el músico Gluck después de muerto, y ese de castillo en zona boscosa con el viento aullando,  y esos de”magnetismo” en el sentido edgarallanpoeniano, y esos tantos cuentos, en fin, que ni de lejos son cuentos pensados para niños y no tengo ni idea de por qué circulan, o circulaban, en ediciones infantiles, y donde las palabras “romántico” y “romanticismo” se mencionan y no precisamente en el sentido de melosidades de Hollywood.

Y como los habrá leído sin duda sabrá que me refiero a “El voto”. Y como alguna duda puede haber de que no los haya leído, pues le sugiero que lea siquiera alguno. Qué mala sombra -nunca mejor dicho, porque en uno de los cuentos un personaje pierde su sombra- que la manía de relacionar cosas me lleve a comentar “El voto” que es precisamente de los peores.

Porque, concretemos en “El voto” y en “La marquesa de O” hay embarazos mágicos y violadores de mujeres indefensas que son bien vistos socialmente. Ah, y en ambos las mujeres y los violadores son de clase alta e intachable conducta; porque las historias de violaciones de mujeres que no fueran de clase alta e intachable conducta a quién podrían interesar allá por primeros del siglo XIX alemán, más o menos, en que ambos autores escribían.

En “El voto”, de Hoffmann, una mujer con el juicio gravemente trastornado se queda embarazada, se cree ella, de su marido, No hay tal marido y lo que sí hay es un señor que pasaba por allí, pariente del otro y físicamente parecido, que se aprovecha de la falta de juicio, mantiene con ella relaciones sexuales estando ella en pleno delirio bajo la creencia de que ha contraído un matrimonio mágico con el otro señor que está en otro sitio, y tras “casarse” mágicamente se queda mágicamente embarazada. Escándalo en la familia. La cosa acaba fatal. No se voy a destripar, no se preocupe.

Y en “La marquesa de O” una mujer está a punto de ser violada por un grupo de soldados en una guerra- la mujer es botín cómo no- y un militar la salva, y ella y su familia le quedan agradecidísimos. Héteme aquí que meses después la mujer descubre que está embarazada sin haber tenido relaciones sexuales con nadie, para su natural asombro, y con el escándalo de rigor.

Y si en el cuento de Hoffmann la violación fue aprovechando la locura, en este el violador es el militar salvador, un listo que aprovechó en su propio beneficio el desmayo de la mujer aterrorizada a la que había salvado de una violación colectiva, y que deja tranquilamente que fusilen a los soldados atacantes, quedando él, eso sí, avergonzado y enamoradísimo de la violada, a la que solo conoce de, en el fragor de una guerra, haberla salvado de una violación colectiva para violarla él acto seguido.

Dos embarazos mágicos, uno de quien en su delirio cree haber tenido relaciones sexuales con un imaginario esposo, y se alegra de ese embarazo porque cree que es fruto del amor, y otro de quien ni siquiera es consciente de que la violación se consumó y, mujer absolutamente virtuosa al igual que la otra, no tiene en su memoria ocasión alguna de la que ese embarazo haya podido ser fruto, con la desesperación correspondiente.

Porque, claro, en ambos casos un embarazo extramatrimonial es la muerte civil de la mujer y una mancha irreparable para la familia.

Así que la solución al embarazo mágico, y tras tener simpatía al violador, agradecerle que quiera casarse para reparar la falta y la deshonra, y aquí paz y después gloria. En el cuento de Hoffmann los propios familiares y amigos de la violada, varones, comprenden al violador porque ¿qué hombre no habría hecho lo mismo en su lugar? ¿Cómo va a reprocharse a un hombre que aproveche la ocasión de un coito gratis y sin riesgo de responsabilidad con una mujer guapa y que le gustaba, que con el juicio perturbado se le ofrece sexualmente tomándolo por otro? Y en “La marquesa de O” la cosa es aún peor: la propia marquesa, tras un rechazo inicial a ese señor que la violó estando inconsciente y que además ha dejado que fusilen a otros por un delito no consumado que sí consuma él, se casa con él por voluntad propia y, tras algunos problemillas, son felices y comen perdices.

Qué bien, ¿no?

Bueno, lea a Hoffmann, que está gratis en la web, como “La marquesa de O”; todos los clásicos lo están.

Y si lee mucho a Hoffman lo mismo da con ese cuento en el que se habla de cantar el Gaudeamus igitur como lo que era hasta que las universidades se pusieron estupendas y decidieron convertir una canción de juerga estudiantil masculina, para cantar borrachos copa en mano y hablando de mujeres sexualmente complacientes, en esa canción solemne  que cantamos ahora muy solemnes en los actos académicos solemnes. Pero, claro, ya lo sabe usted, lector o lectora fiel de este blog, porque ya se lo he explicado en otro post.

Y si no, por lo menos vea la película Los cuentos de Hoffmann de Powell y Pressburger, de un fabuloso encanto naif,  o como eso no lo va a hacer, no nos engañemos, al menos escuche la maravillosa Barcarola de la ópera del mismo nombre. Le recomendaría la película “La marquesa de O” de Röhmer  si no se diera la circunstancia de que es de las películas de Röhmer que justo no he visto.

Verónica del Carpio Fiestas

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