Moscas literarias: del haiku al existencialismo

Cuatro obras sobre moscas. Las voy a ordenar por orden de extensión que, casualmente, o no, coincide más o menos con el cronológico de autores. Bueno, como el haiku es corto, mejor pongo dos. O sea, cinco. Cinco obras sobre moscas, en repaso internacional.

– El haiku, o los haikus. Poema en japonés, aquí en concreto de enfoque humorístico.

“En el salón
hay una persona
y una mosca”

Ese es el haiku primero. Y ahora el otro haiku.

“La mosca en el porche
se está frotando las manos
y ¡zas!”

Los dos haikus son de Issa (1763-1827). Japonés, por si alguien no ha caído. ¿A que están bien? Figuran publicados en “Haiku, Antología de poemas japoneses”, DOJO Ediciones, 2012.

– La fábula del moralista ilustrado pesado pero encantador.

“Las moscas

A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron
que por golosas murieron
presas de patas en el ,
otras dentro de un pastel
enterró su golosina
así, si bien se examina ,
los humanos corazones
parecen las prisiones
del vicio que lo domina.”

La fabula es de  Félix María Samaniego (1745-1801), fabulista español. Me encanta Samaniego. Claro que también me encanta la fábula de Esopo que es la precedente de esta, en un montón de siglos. Ah, las dos mil moscas son cien mil en otra versión. Vaya usted a saber.

– El poema humorístico y/o infantil y/o evocador de la infancia del poeta serio y profundo español que esta vez se pone humorístico y/o infantil y/o evocador de la infancia.

“Las moscas

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Antonio Machado, (casi) siempre tan serio, tristón y trascendente, se puso aquí humorístico y/o infantil y/o evocador de la infancia. ¿Hace falta decir que Antonio Machado es un importantísimo poeta español que nació en 1875 en Sevilla y murió en el exilio de la Guerra Civil, en 1939? ¿O ya lo busca usted en Wikipedia? Ya puestos, también puede buscar la canción de Joan Manuel Serrat, quien puso musica al poema hará como treinta o cuarenta años,  y por Youtube tiene que andar.

– El que se pone profundo en una obra de teatro existencialista.

El santón existencialista francés Jean Paul Sartre , que por cierto dista de ser santo de mi devoción, se puso profundo y según dicen hasta valiente con una obra de teatro titulada “Las moscas”. Busque por la web para encontrar datos del autor y del texto, que no me apetece buscar enlaces sobre autor que me cae gordo y que se dedicaba a repartir credenciales democráticas y a ser muy crítico que la barbarie de un signo, y acrítico con la de otro signo,  por muy profunda y valiente que fuera esta obra. No tenía más remedio que citarlo en este post sobre moscas literarias, pero ya buscar enlaces no. Cómo no citar una obra de todo un Sartre que se titula así, y no digamos ya si, como la fábula de Samaniego, también se inspira en la Antigüedad clásica, y sobre todo si he decidido no mencionar -vaya, lo estoy mencionando, qué fallo- a “El señor de las moscas” de William Golding porque no lo he leído y en este blog no se habla de oídas.

Vale, o sea, adiós. Otro día hablamos del maravilloso cuento “La mosca”, de la escritora británica Katherine Mansfield. De este cuento, mire, sí le pongo enlace al texto. Aquí.

Verónica del Carpio Fiestas

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