Una recomendación heterodoxa para leer y ser feliz: el Pequeño Nicolás de Goscinny & Sempé

Me va a permitir una recomendación heterodoxa incluso para alguien que en un blog se permite frecuentes opiniones heterodoxas sobre Literatura. Como esta vez voy a ser tan, tan, tan, heterodoxa no me quedará más remedio que parapetarme primero tras mis credenciales de lectora ortodoxa habitual, y con nivel de pedantería tirando a alto, de Cervantes, Borges, Shakespeare, Joyce, Faulkner, Proust, Mann, Kafka, Sterne, Stendhal, Aristófanes, Nabokov, Dostoyevski, Jane Austen, Voltaire et altri.

Así que desde detrás de mi parapeto literario, y bien protegida por gigantes, le recomiendo que lea los maravillosos cuentecillos del “Pequeño Nicolás” de Goscinny & Sempé. La ternura, la alegría, la ingenuidad, el amor familiar, la ironía amable sobre el mundo adulto con sus rencillas y ridiculeces  a través de los ojos de un niño que no detecta que hay rencillas y ridiculeces, la sonrisa, la risa, la infancia como paraíso, la sutil comprensión del mundo infantil y del mundo adulto,  todo eso nos lo regalan Goscinny y Sempé. Cada cuentecillo ocupa unas pocas páginas; y como afortunadamente hay decenas de cuentecillos siempre encontrará alguno que le devuelva la confianza en la Literatura como fuente de placer. La Literatura además ilustrada, porque esto, ojo, no es solo un texto delicioso sino un texto delicioso con dibujos deliciosos inseparables, y naturalmente hay que leerlo con los dibujos. Qué genios Goscinny y Sempé.

Según la frases hecha algunos de esos cuentos son “pequeñas obras maestras”. Me hace mucha gracia. ¿”Pequeñas”?

Por cierto, si quiere leer las aventuras del Pequeño Nicolás como reflejo sociológico caleidoscópico de las décadas 50-60, más o menos, del  siglo XX en Francia, con o sin comparativa con la situación actual en Francia y en otros países, también puede hacerlo; allá usted, que ya son ganas de complicarse la vida con análisis en vez de disfrutar a secas, pero posibilidades hay de sobra.

Ah, y si es usted docente, sencillamente tiene que leer al Pequeño Nicolás; y ya me contará si se identifica con la sufrida maestra.

Y, ya puestos, lea “Lo que Maisie sabía”, de Henry James. Va también sobre la vida de los adultos vista con los ojos de la infancia. Lea y compare. Esta obra sí está en la lista de “grandes obras”, y su autor, a quien, por cierto, he leído masivamente, figura en la primera fila de todas las listas de los grandes escritores del siglo XX. Qué quiere que le diga; me gusta mucho más cómo se refleja el mundo adulto a través de los ojos infantiles del Pequeño Nicolás que de Maisie. Hala, ya lo he dicho. Uf.

Y una vez dicho esto, que ya no es heterodoxia sino franca herejía,  me protejo la cabeza con las tragedias completas de Esquilo y con el Gorgias de Platón, para que la rociada de bombazos literarios que me va a caer encima resulte siquiera un poco amortiguada.

Verónica del Carpio Fiestas

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