Prisión preventiva en 1836

“La sociedad se ve forzada a defenderse, ni más ni menos que el individuo, cuando se ve acometida; en esta verdad se funda la definición del delito y del crimen; en ella también el derecho que se adjudica la sociedad de declararlos tales y de aplicarles una pena. Pero la sociedad, al reconocer en una acción el delito o el crimen, y al sentirse por ella ofendida, no trata de vengarse, sino de prevenirse; no es tanto su objeto castigar simplemente como  escarmentar; no se propone por fin destruir al criminal, sino el crimen; hacer desaparecer al agresor , sino hacer desaparecer la posibilidad de nuevas agresiones; su objeto no es diezmar la sociedad, dino mejorarla. Y al ejecutar su defensa, ¿qué derecho usa?   El derecho del más fuerte. Apoderada del sospechado, le es fuerza, antes de aplicarle la pena, verificar su agresión, convencerse a sí misma y convencerle a él. Para esto comienza por atentar a la libertad del sospechado, mal grave, pero inevitable; la detención previa es una contribución corporal que todo ciudadano  debe pagar cuando por su desgracia le toque; la sociedad, en cambio, tiene la obligación de aligerarla, de reducirla a los términos de indispensabilidad, porque pasados estos comienza la detención a ser un castigo y, lo que es peor, un castigo injusto y arbitrario, supuesto que no es resultado de un juicio y de una condenación; en el.intervalo que transcurre desde la acusación o sospecha hasta la aseveración del delito, la sociedad tiene, no derecho, pero necesidad de detener al acusado; y supuesto que impone esta contribución corporal por su bien, ella es la que  está obligada a hacer de modo que la cárcel no sea una pena ya para el acusado, inocente o culpable; la cárcel no debe acarrear sufrimiento alguno, ni privación que no sea indispensable, ni mucho menos influir moralmente en la opinión del derenido.”

Esto lo escribió Larra en 1836 (artículo “Los barateros o el desafío y la pena de muerte”), con ocasion de la pena de muerte aplicada a un preso preventivo que había matado a otro en un enfrentamiento en un centro de detención; un centro de detención en condiciones calamitosas consentidas, si no propiciadas, por el Poder. Esa España de 1836 da risa siquiera imaginarla como democrática o como un Estado de Derecho. En 2016, fecha de este post, la prisión preventiva en España que en teoría ha de ser de la minima duración, y así se repite como mantra a ver si repitiéndolo nos lo creemos, puede llegar, y de hecho llega, a dos años, prorrogables por otros dos, o sea hasta a cuatro años. En la época de las telecomunicaciones y los medios tecnológicos, la “contribución corporal” que el Estado nos impone a todos puede llegar a cuatro años de nuestra vida, si por nuestra desgracia nos toca. Y de decir que una prolongada prisión preventiva siendo inocentes no influya moralmente en la opinión que del detenido se tenga, mejor ni hablamos. En 2016, por cierto, hay democracia y Estado de Derecho en España.

Verónica del Carpio Fiestas

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s