Un banquete romano como los de las películas: el banquete de Trimalción

Esos romanos antiguos borrachos, que en banquetes desenfrenados comen manjares para ellos exquisitos y para nosotros extraños y hasta repugnantes (las ubres de cerda no son bocado delicioso hoy ni el vino suele tomarse con miel y no es ahora habitual que un jabalí guisado contenga tordos vivos que salgan volando al cortarlo en canal) que son servidos por esclavos mientras se toca música;

esos romanos de la disipación y la decadencia;

esos romanos en los que ya se atisba que el fin del Imperio no puede estar muy lejos;

esos romanos de los festines asombrosos e interminables en los que se bebe hasta la borrachera y se come hasta náusea, de la brutalidad y el exhibicionismo desaforado de riqueza en comilonas de derroche;

esos romanos del refinamiento máximo mezclado con la más repugnante grosería y la violencia normalizada;

esos romanos que en tantas películas han aparecido, de un mundo donde la esclavitud es parte normal del sistema social y la tortura y asesinatos de esclavos parte de la realidad y de las bromas,

¿dónde puede usted encontrarlos fácilmente, en una descripción literaria?

En el “Satiricón” de Petronio.

En el Satiricón, ¿novela? mezcla de fragmentos en los que

se describe hasta la violación de una niña de once años por un adolescente como espectáculo y diversión,

y donde la gente se queja de que no son suficientemente feroces los gladiadores a quienes obligan a luchar y matarse entre ellos en el circo, ese matadero de hombres,

[“Una vez nos presentó gladiadores que no valían un sestercio, todos decrépitos. Si los soplabas, se caían. Yo he visto bestiarios mejores. Envió a la muerte a jinetes de candil. ¡Unos verdaderos gallos de gallina! Uno parecía un borrico cargado.. Otro parecía tener piernas de cuero. Un terciario, que parecía sin cojones, tan muerto como el muerto que reemplazaba. El único que tuvo un poco de agallasfue un tracio, a pesar de que se limitó a pelear según como le soplaban. Al final, todos fueron azotados, tanto reclamaba la numerosa concurrencia gritando: «¡Al castigo!». (…)
Fíjate, ahora vamos a tener una fiesta de tres días con magníficos combates de gladiadores. y no con profesionales, sino con libertos en su mayoría. Nuestro amigo Tito ve las cosas en grande y tiene su cabeza que bulle. Sea cual fuere, el espectáculo será un éxito. Yo, que soy de su casa, sé que no hablo de una veleta. Se conseguirán las mejores espadas, se luchará sin cuartel, y el matadero estará en el centro, a la vista de todo el anfiteatro.”]

y donde una prostituta dice que no recuerda haber sido nunca virgen

[¿Acaso tiene menos años de los que tuve yo cuando aguanté a mi primer varón? Que recaiga sobre mí la ira de Juno si me acuerdo haber sido virgen alguna vez.]

y donde un adolescente homosexual es objeto de deseo  y ataques de todo tipo por adultos

y donde un niño es el “favorito” de un adulto y ese mismo adulto recuerda que fue a su vez él el “favorito” de su antiguo amo,

en esa obra literaria clásica hay unos capítulos con una descripción interesantísima de lo que en el imaginario colectivo actual sería un banquete romano, estillo felliniano. Aquí tiene un enlace al texto en castellano, por si quiere leerlo. El banquete de Trimalción.

Trimalción, por cierto, es el nuevo rico riquísimo, antiguo esclavo, que organiza el banquete.

Verónica del Carpio Fiestas

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