El 25 de abril de 1666 de Samuel Pepys, funcionario inglés

Up, and to White Hall to the Duke as usual, and did our business there. So I away to Westminster (Balty with me, whom I had presented to Sir W. Coventry) and there told Mrs. Michell of her kinswoman’s running away, which troubled her. So home, and there find another little girle come from my wife’s mother, likely to do well. After dinner I to the office, where Mr. Prin come to meet about the Chest business; and till company come, did discourse with me a good while alone in the garden about the laws of England, telling me the many faults in them; and among others, their obscurity through multitude of long statutes, which he is about to abstract out of all of a sort; and as he lives, and Parliaments come, get them put into laws, and the other statutes repealed, and then it will be a short work to know the law, which appears a very noble good thing. By and by Sir W. Batten and Sir W. Rider met with us, and we did something to purpose about the Chest, and hope we shall go on to do so. They up, I to present Balty to Sir W. Pen, who at my entreaty did write a most obliging letter to Harman to use him civilly, but the dissembling of the rogue is such, that it do not oblige me at all. So abroad to my ruler’s of my books, having, God forgive me! a mind to see Nan there, which I did, and so back again, and then out again to see Mrs. Bettons, who were looking out of the window as I come through Fenchurch Streete. So that indeed I am not, as I ought to be, able to command myself in the pleasures of my eye. So home, and with my wife and Mercer spent our evening upon our new leads by our bedchamber singing, while Mrs. Mary Batelier looked out of the window to us, and we talked together, and at last bid good night. However, my wife and I staid there talking of several things with great pleasure till eleven o’clock at night, and it is a convenience I would not want for any thing in the world, it being, methinks, better than almost any roome in my house. So having, supped upon the leads, to bed. The plague, blessed be God! is decreased sixteen this week.

O sea, que en plena peste, un funcionario de Marina enormemente mujeriego y constantemente infiel a su esposa, pero celoso, aficionado a la música, que hablaba varios idiomas, que vivió años políticos muy turbulentos y que, por si fuera poco, estaba  en Londres en plena época de peste y atemorizado, encontraba momento para hablar sobre cómo mejorar las leyes, de los defectos de estas y de lo que ahora llamaríamos codificación, siglos antes de que en efecto esa codificación se intentara, porque ya entonces, oh sorpresa, la legislación era oscura y difícilmente inteligible.

Para hablar de ello y para recogerlo en su diario.

Porque, claro, esto va de los famosos, e inagotables como fuente de información, diarios de Samuel Pepys, enlace en inglés aquí. ¿Sabía usted que por aquella época España estaba en guerra? ¿Que murió un rey español y la Corte inglesa se puso de luto? ¿Que un funcionario dedicado a temas económicos y que hablaba varias lenguas vivas y muertas, incluyendo español, podía en cambio no saber multiplicar? ¿Que era tan normal que de los once hijos de una pareja casada en 1626 en 1664 solo sobrevivieran dos que no merece ni comentario? ¿Que el día de San Valentín los hombres tenían que hacer regalos a la primera mujer que vieran? ¿Que Shakespeare aburría? ¿Que a los ajusticiados se los troceaba y sus miembros troceados se exponían al público? ¿Que se bebía “vino de. Alicante ” y “vino de España”? ¿Que entonces se probó  el té en esos círculos ingleses? ¿Que también entonces se vieron por primera vez naranjos y se probó el zumo de naranja, y parecía rico de sabor pero quién sabe si indigesto? ¿Que había quien escribía pintadas reivindicativas? ¿Que una mujer de 27 años era ya vieja y difícil de casar? ¿Que de verdad se marcaban con cruces rojas las casas de los apestados? ¿Que había temerarios que deliberadamente estaban en contacto con apestados, solo por el placer del riesgo? ¿Que la belleza de una mujer podía desaparecer de un día para otro por la viruela? ¿Que Holanda estaba en guerra con Inglaterra? ¿Que intentar ligar en una iglesia era normal? ¿Que de verdad se enterraban monedas en el jardín en caso de peligro? ¿Que eran miles los papeles quemados lanzados al viento cuando el terrible incendio de Londres, y había quien intentaba leer y buscar significado al pedazo impreso que por casualidad le llegaba? ¿Que la Corte era viciosa e inútil? ¿Que los médicos decían que la muerte por ahorcamiento no duele? ¿Que por romper propósitos de Año Nuevo, como voto, había que pagar multa? ¿Que se dio el caso de una mujer que dio a a luz en mitad de un baile y se dieron cuenta porque había un recién nacido en el suelo? ¿Que alguien puede decir que nunca ha vivido tan dichosamente como en esos tiempos de epidemia con muertes masivas?

Todo eso y mucho más en los extensos diarios del muy humano Samuel Pepys.

Y podríamos estar hablando ahora de los diarios de la Sra. Pepys y no solo de los del Sr. Pepys. Pero es que, claro, resulta que lo que tenía escrito se lo destruyó el marido; era por lo visto indigno que anduvieran en papeles que quién sabe qué circulación pudieran tener las cosas que sentía, vivía y pensaba su mujer.

Vaya.

Verónica del Carpio Fiestas

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