Bésame y abrázame, marido mío

Transcribo literalmente, acentos graves incluidos, la canción que figura con el número XVIII de la publicación por el musicólogo Mitjana, en 1909, del “Cancionero de Uppsala“:

bésame XVIII

Vésame y abràçame
Marido mio,
Y daros en la mañana
Camisòn limpio.
Yo nunca ui hombre
Biuo estar tan muerto,
Ni hazer el dormido
Estando despierto.
Andad marido alerta
Y tened brio,
Y daros en la mañana,
Camisòn limpio

El texto completo del llamado “Cancionero de Uppsala“, con cincuenta y cuatro canciones tal y como publicó el musicólogo Rafael Mitjana la obra recopilatoria del siglo XVI encontrada por él en la Universidad de Uppsala en Suecia, puede ser consultado en enlace aquí y descargado en pdf aquí  cancionero Mitjana. Se trata de una recopilación de canciones o villancicos (villancico no significa canción navideña, ojo) al parecer renacentistas; la canción nº XVIII figura en la página 19.

página 19 Mitjana.JPG

portada

introducciónportada 2

Qué es el “Cancionero de Uppsala” figura hasta en Wikipedia, enlace aquí.

El post podría acabar aquí, con la selección  y transcripción, con un par de referencias, de una canción renacentista española; una canción hermosísima y enigmática. Ya sé que debería acabar aquí el post.

Pero voy a seguir con el post, precisamente porque no solo me parece hermosísima la canción, sino también enigmática.

¿De qué va en realidad esta extraña canción, en la que una mujer se dirige a su marido en tono inocultablemente áspero, le dice que deje de hacerse el dormido y que tenga más brío, le pide besos y abrazos y le promete un camisón limpio para la mañana siguiente? No son tantas en literatura clásica las canciones de amor entre cónyuges y no digamos ya con obvio componente sexual, como para que no merezca la pena dar un par de vueltas a esto, ¿no? Obsérvese que en la canción se usa la palabra “marido”, en esa época no necesariamente equivalente a “esposo”; o sea, que estamos ante una pareja casada, no simples prometidos.

Así que como este no es un blog de alguien que sepa de musicología lo que voy a comentar no tiene nada que ver con música ni musicología. Ni siquiera voy referirme a quién podría ser el autor de letra o música; en la web las veo atribuidas a distintos autores varones, incluyendo Juan del Enzina, o como autor anónimo. Tampoco voy a incluir un enlace a algunas de las grabaciones de Youtube, pero no se olvide que lo transcrito no es un poema, sino una canción.

Así que ahí van mis divagaciones, carentes del mínimo rigor.

Me sorprende que esta canción pueda ser considerado, como he leído por algún sitio, como una cancion de amor de una mujer enamorada. Lejos de mí enmendar la plana a quienes hablen con conocimiento de causa, que yo en esto hablo en plan cuñado, pero, desde mi absoluta ignorancia, ¿no se percibe la aspereza de tono en la canción? Y no puede dejar de extrañarme que esta canción, pueda considerarse como cosa distinta de una canción satírica de trasfondo sexual (¿o qué es “brío” en ese contexto si no, en una pareja que habla en la cama?), en la que la sátira tiene pinta de estar en relación con uno de dos tópicos clásicos, o con los dos: el tópico de los matrimonios entre  maridos viejos e impotentes, por una parte, en una época en la que era frecuente el matrimonio entre un viejo (con los estándares de edad de hoy no sería viejo, pero sí entonces) y mujeres jóvenes o jovencitas, y/o con el tópico misógino antiquísimo de la mujer como ser de apetitos sexuales insaciables. O sea, si acierto, en uno u otro caso esto va de sexo, no de amor. ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Por otra parte, no podemos intentar comprender una canción del siglo XV o XVI como si el amor fuera como el que entendemos ahora y el matrimonio fuera, como regla,  por amor, y esto fuera una canción de amor de una mujer casada por amor que percibe el desamor, o la inapetencia sexual, de su marido. ¿Que podría haber matrimonios por lo que hoy llamaríamos amor? Por supuesto, ¿pero sería estadísticamente lo más corriente?

No lo sé, pero voy a transcribir un fragmento de “La moza del cántaro“, de Lope de Vega, enlace aquí, obra que deja muy claro que incluso en el siglo XVII para una mujer casarse con quien designara el padre era deber filial y para cumplir la voluntad nada menos que de Dios:

MARÍA: Necia estás. No he de casarme.
LUISA: Si tu padre ha dado el sí,
MARÍA: ¿Puede mi padre obligarme
a casar sin voluntad?

LUISA: Ni tú tomarte licencia
para tanta inobediencia.
MARÍA: La primera necedad
dicen que no es de temer,
sino las que van tras ella,
pretendiendo deshacella.

LUISA: Los padres obedecer
es mandamiento de Dios.

Y, por poner otro ejemplo, el deber de obediencia para casarse persistía hasta el siglo XIX, y basta con echar un vistazo a otro clásico conocidísimo, “El sí de las niñas“, de Leandro  Fernández de Moratín, enlace aquí, obra de 1806 en la que los personajes consideran un sacrificio extraordinariamente loable que un hombre entrado en años decida no contraer matrimonio con una jovencita que obedecería a su familia casándose sin amor, y donde la jovencita y su noviete piden perdón por enamorarse entre sí y dan las gracias de rodillas cuando ven que no obligan a la chica a casarse con el viejo y les dejan casarse, anonadados ambos ante tamaña bondad.

sí de las niñas 1

sí de las niñas 2

Podríamos discutir interminablemente si esa selección arbitraria de dos obras de dos siglos muy distintos al siglo de la canción “Bésame y abrázame, marido mío” es muestra suficiente o si es eso, arbitraria. No lo vamos a discutir, que lo reconozco: es arbitraria. Pero difícilmente se puede discutir que el matrimonio romántico tal y como lo conocemos es creación históricamente reciente, y que la libertad para contraer matrimonio con la persona escogida por los propios contrayentes no se consideró esencial jurídica y sociológicamente hasta lo que históricamente viene a ser un suspiro; el amor no era importante para casarse, o se conseguía por otros medios, o se consideraba que el amor, o el cariño, o lo que fuere, ya llegaría en relación con el cónyuge después del matrimonio.

En esas circunstancias, ¿de verdad es esta canción renacentista una canción de amor de una esposa a su marido?

¿Y qué pinta en la canción lo de la promesa del camisón limpio, el camisón prenda unisex, que no de mujer? Porque no pensará quien lea la canción que en el siglo XVI la ropa, incluyendo la de dormir, se echaba a lavar con  frecuencia o que la gente se cambiaba de ropa de dormir con la frecuencia con que nos cambiamos hoy de pijama en la época de las lavadoras y la ropa barata. El mero hecho de tener camisón ya era indicio de que no se estaba en la miseria; ahora que se puede comprar ropa de cama e interior en cualquier sitio por pocos euros resulta difícil hacerse a la idea de que esa ropa era valiosa y había que controlarla mucho porque se robaba, hasta en el siglo XIX, pues económicamente merecía la pena robarla, y que se iba a la cárcel por ese robo. Así da una pista esta parte de la canción, repetida casi a modo de estribillo: que estamos ante una pareja económicamente más o menos acomodada, porque los renacentistas pobres dudo mucho que tuvieran camisón. Pero no da más pistas.

Porque conjeturar por qué la mujer promete al marido, como premio, y repetidamente, un camisón limpio, desboca demasiado la imaginación. Mejor no sigo.

Verónica del Carpio Fiestas

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