Estatua dentro de la piedra

Suele contarse, y se non è vero è ben trovato, que Miguel Ángel, preguntado sobre cómo había conseguido esculpir la maravillosa estatua del David y en un bloque único de mármol, contestó “David estaba dentro del bloque, yo tan solo quité lo que sobraba”.

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¿Está la estatua dentro de la piedra? ¿Y qué sucede cuando la estatua no consigue salir del todo? No, no me estoy refiriendo a las estatuas inacabadas tipo los esclavos de Miguel Ángel, que quizá están saliendo de la piedra pero el escultor no les ha dejado salir o quizá estaban medio dormidos aún y se desperezaban…

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Y no, tampoco estoy pensando en el mito de Pigmalión.

Estoy pensando más bien en cuando la estatua decide no salir, duda, se asoma, y mira tímidamente, y el escultor le permite que no salga. Y la figura no sale de la piedra, se queda dentro, y mira hacia afuera.

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Imagen obtenida de este enlace.

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Imagen obtenida de este enlace.

Y hay más ahí parecidas, catorce en total, en la Iglesia abacial de Sainte-Foy, en Conques, en el sur de Francia. Una iglesia románica, claro. Esas estatuas están en la arquivolta exterior de una portada en cuyo tímpano se representa el Juicio Final; puede encontrarse un análisis aquí y aquí una visita virtual. Las figuras, al parecer, son ángeles curiosos que miran el Juicio Final. No lo dudo, si así lo dicen los expertos.

Por mi parte, prefiero pensar que, muy tímidos, decidieron no salir de la piedra, y el escultor se lo permitió.

Y con gusto escribiría un cuento sobre esto si supiera cómo escribirlo, pero es que solo me ha salido este post.

Verónica del Carpio Fiestas

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Un post sobre representación gráfica de amor en un matrimonio de muchos años

Pululan en la Historia del Arte las representaciones del amor adolescente, del amor joven, del amor adúltero, del amor que se enfrenta a dificultades, del amor puramente sexual, del amor fracasado, del amor en bodas, del triunfo del amor, del amor que no es tal porque mata o conduce a la violencia. De todos esos amores, y de muchos otros, hay muchas representaciones explícitas, tanto heterosexuales como homosexuales en la Historia del Arte occidental; incluyendo muy, muy, explícitas. Pero del amor entre parejas heterosexuales casadas que llevan muchos años juntas y que están juntas porque se quieren, y que se demuestran ese amor en gestos gráficos en lo que transparente una vida apacible de amor conyugal, y no en términos satíricos, ni como representacion de Poder de una pareja casada poderosa de un tipo u otro, de eso hay bastante menos. Los cabellos grises y las arrugas y el amor profundo entre parejas casadas que ya no son jóvenes y que se demuestran amor venden hoy y han vendido siempre mucho menos que la esplendorosa juventud o que la adolescencia casi infantil de los romeos y las julietas y los píramos y las tisbes y las afroditas y los adonis de todas las épocas y todas las mitologías, o que el morbo de lo que se consideraba pecado o asocial y que permitía, so pretexto de Historia, Historia Sagrada o Mitología, o hasta de buena fe para de verdad reprobar vicios y ensalzar virtudes, enseñar carnes atractivas y cuerpos gloriosos incluso ligeros de ropa, conforme al gusto de cada época, y especialmente carnes femeninas, que no se veían por la calle todos los días.

Pero el amor matrimonial de muchos años y con gestos también lo recoge la Historia del Arte. Con pudor, porque el amor de quienes no son jóvenes no se considera hermoso. Usted verá besos de jóvenes por la calle todos los días, pero no todos los días verá besos de cincuentones, y si ve alguno, quizá piense que es un amor de segundo intento, o uno adúltero, o hasta le moleste y lo crea inapropiado o ridículo.

Si hablamos de representaciones artísticas del matrimonio, a usted quizá inmediatamente le viene a la cabeza el cuadro “El matrimonio Arnolfini”.

Matrimonio Arnolfini

Se trata de una de esas obras de la primera fila de la Historia del Arte. Su simbología complejísima está más que estudiada, y ha sido hasta objeto de parodias, versiones y homenajes; hasta del pintor colombiano Fernando Botero. El espejo del fondo, el hecho de que vayan descalzos y estén las zapatillas en el suelo, la mano en el vientre,  los ropajes, el cristal, cada gesto, el hieratismo, todo tiene su aquél. Lo explican incluso en libros de Historia de Arte para niños y sería absurdo que una profana pretendiera explicar lo que explican perfectamente quienes sí saben. Pero el cuadro de Jan Van Eyck, no solo no oculta que no hay amor, sino que representa y refleja que no lo hay, porque eso no era lo relevante; ni es un matrimonio por amor ni era lo habitual en una época de matrimonios concertados. Pero supongamos, que ya es suponer, que había amor. Si lo había, era el de un matrimonio joven que en ese momento se estaba celebrando, unos contrayentes; y si bien la simultaneidad simbólica de escenas de diversas épocas que presenta un cuadro de tan compleja composición permite avanzar quizá unos años más allá, solo permite avanzar unos años. No tenemos aquí un matrimonio antiguo.

¿Son jóvenes el marido y la mujer del famoso sarcófago etrusco del siglo VI a.C., Sarcofago degli Sposi, enlace tambièn aquí, que está en el Villa Giulia, Museo Nazionale Etrusco y cuyo afecto y respeto recíprocos son tan evidentes? No son adolescentes ni quizá muy jóvenes quienes están representados en esta obra maestra, pero sus caras y manos son tersas y el pelo abundante.

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Así que despues de mucho buscar, y de prescindir por supuesto de las representaciones de la Sagrada Familia que representan muchas cosas, pero no ciertamente una familia de pareja casada con vida de verdad común en el doble sentido del término, he encontrado una obra que sí representa el amor tierno gráficamente expresado de personas largamente casadas. No se trata de una obra maestra que pueda compararse ni de lejos al cuadro del matrimonio Arnolfini ni al grupo escultórico funerario del matrimonio etrusco, pero creo que es absolutamente maravillosa en su modestia.  Y además, están vivos, no comiendo sobre su propia urna funeraria -qué mal rollo- o hieráticos en un cuadro, y en la calle, no bajo techo en la intimidad de un interior.

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Voy a poner el detalle:

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Son San Joaquín y Santa Ana. Lo que yo veo ahí es un abrazo tierno entre un marido canoso y una mujer postmenopáusica, quienes se miran a los ojos con cariño y comprension recíproca, a la puerta de su casa. Figura en un “libro de las horas” holandés de 1410-1420, de la Biblioteca Británica; todos los datos en este enlace. Y debo haber encontrado esta joya a Twitter, donde no todo son insultos y comentarios sobre insignificantes programas de televisión.

Verónica del Carpio Fiestas

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Gaudeamus igitur

gaudeamos igiturQuien esto lea puede encontrar fácilmente en la web copiosa información sobre el Gaudeamus igitur. Que se trata de un himno universitario prácticamente universal, y perdón por la redundancia. Que su origen próximo en letra y música parece encontrarse en el siglo ¿XVIII? de Alemania, en cuyas universidades empezaron a cantarlo los estudiantes (varones, claro, porque otra posibilidad no había), con origen remoto de la letra en el ¿siglo XIII? Que su texto, en latín más o menos macarrónico, no es un canto al saber, sino dos cosas entremezcladas: una especie de carpe diem, un poema bellísimo pero jocoso a una vida que pasa enseguida y que hay que disfrutar con alegría mientras se es joven, incluyendo en el disfrute, parece entenderse, a las mujeres hermosas y fáciles y también a las otras, las buenas y trabajadoras -los estudiantes que cantaban esto, claro, varones jóvenes, ya se ha dicho, en esto y en otros cuantos puntos no podrian considerarse hoy políticamente correctos-  y además un canto a ese mundo común que es la Universidad, en la que conviven y se van sucediendo las generaciones.

En un acto académico solemne resulta difícil escucharlo sin sentir un escalofrío al percibir eso: el peso de las generaciones que se suceden en el saber. Incluso siendo consciente de que lo que se canta con tono solemne y con rostros y en entornos muy serios resulta ser una canción con texto escasamente serio o solemne, que empezaron a cantar estudiantes vaya usted a saber si gamberros en contextos más bien poco académicos.

Sí, se oye con un escalofrío; el mismo escalofrío que se siente al intentar buscar una versión buena en internet y encontrar en Youtube innumerables versiones.

De acompañamientos, cuando hay, casi de todo: piano, orquesta, órgano. En cuanto al ritmo y al volumen, también. Pero sobre todo, y a eso voy, lo que se escucha es la misma canción cantada por personas -ahora sí muchas veces hombres y mujeres, juntos- del mundo universitario en todo el mundo, personas que tienen como lenguas maternas las más variadas, lo que propicia los más variados acentos cuando se canta en una misma lengua muerta. La “g” de “igitur” fuerte o débil, los más variopintos sonidos para las eses y las erres, las vocales más o menos abiertas al azar. Una verdadera delicia.

Sí, una delicia, sin ironía. La variedad de acentos al cantar en un idioma muerto, en voces juveniles y adultas, de hombres y mujeres, unidas en la diversidad, no puede por menos que sugerir la unidad en la diversidad. La unidad en la busqueda de una vida feliz sin hacer daño a nadie y de un saber pleno. Maravilloso y conmovedor.

En sí mismo y también en contraste con otros símbolos.

En la Ciudad Universitaria de Madrid  está situado un grupo escultórico de la escultora norteamericana Ana Huttington llamado “Los portadores de la antorcha“, de 1954. Información, en este enlace.

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Foto obtenida en Web Campus Husso Digital http://open.ieec.uned.es/HussoDigital/?page_id=187

Representa a un hombre joven que, a caballo, recoge una antorcha de la mano de un hombre de más edad, exhausto o medio muerto, tirado en el suelo. Con reminiscencias, parece, del fuego sagrado del mito de Prometeo y esas cosas, suele considerarse como un emblema de la transmisión del saber, y así lo venía considerando yo misma, sin darle muchas vueltas, como algo consabido.

Pero, como me dijo sensatamente un amigo, con un punto de vista distinto, mejor sería que el joven se bajara del caballo y ayudara al otro pobrecillo dándole siquiera un vaso de agua y un bocadillo, en vez de dejarlo tirado.

Y sí, me parece que lleva razón. Una imagen de la transmisión del conocimiento que olvida a las personas, como si el saber fuera algo superior a las propias personas y por el que se debe prescindir de éstas cuando ya han cumplido su labor, o, peor, su funcion como meros instrumentos, no es algo que -para gustos se han hecho los colores- personalmente pueda compartir. ¿El beneficio colectivo a costa del individual? Noooo. Porque la descripción del grupo escultórico podría ser otra: un hombre necesitado de ayuda es abandonado por otro más joven y fuerte, que tiene otra cosa más importante que hacer que ayudar a un hombre necesitado de ayuda. ¿Por qué esa descripción habitual del grupo escultórico que empieza describiendo al joven, en vez de al caído, o que olvida que este queda solo? Wikipedia: “La estatua muestra a un joven a lomos de un caballo recogiendo una antorcha de manos de un débil anciano que yace en el suelo. Representa la transmisión del conocimiento entre generaciones“. No.

Mucho mejor ese otro símbolo universitario, el del Gaudeamus igitur: todos juntos, adelante, generaciones unidas y alegría de vivir, aunque vayamos a morir. Gaudeamus igitur. Alegrémonos pues.

Y alégrese quien esto lea buscando en Youtube versiones. Lo que me he reído con alguna versiones.

Y para que se vaya riendo, el texto del Gaudeamus igitur, con la traducción -discutible- en versión -discutible- de Wikipedia. Porque esto o algo parecido, sexo y diablo incluidos, se canta, aunque más o menos expurgado o abreviado o variado, en los actos más solemnes en las universidades. No solo resulta conmovedor; es que tiene su gracia.

Latín Español
Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus. (bis)
Post iucundam iuventutem,
post molestam senectutem,
nos habebit humus.
Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.
Ubi sunt qui ante nos
in mundo fuere?
Vadite ad superos,
Transite ad inferos,
ubi iam fuere.
¿Dónde están los que antes que nosotros
pasaron por el mundo?
Subid al mundo de los cielos,
descended a los infiernos,
donde ahora se encuentran.
Vita nostra brevis est,
breve finietur.
Venit mors velociter,
rapit nos atrociter,
nemini parcetur.
Nuestra vida es corta,
en breve se acaba.
Viene la muerte velozmente,
nos arrastra cruelmente,
no respeta a nadie.
Vivat Academia,
vivant professores.
Vivat membrum quodlibet,
vivant membra quaelibet,
semper sint in flore.
Viva la Universidad,
vivan los profesores.
Vivan todos y cada uno
de sus miembros,
resplandezcan siempre.
Vivant omnes virgines,
faciles, formosae
vivant et mulieres
tenerae, amabiles
bonae, laboriosae.
Vivan todas las vírgenes,
fáciles, hermosas!
vivan también las mujeres
tiernas, amables,
buenas y trabajadoras.
Vivat nostra societas!
Vivant studiosi!
Crescat una veritas,
floreat fraternitas,
patriae prosperitas.
¡Viva nuestra sociedad!
¡Vivan los que estudian!
Que crezca la única verdad,
que florezca la fraternidad
y la prosperidad de la patria.
Vivat et res publica,
et qui illam regit.
Vivat nostra civitas,
Maecenatum charitas,
quae nos hic protegit.
Viva también el estado,
y quien lo dirige.
Viva nuestra ciudad,
y la generosidad de los mecenas
que aquí nos acoge.
Pereat tristitia,
pereant osores.
Pereat diabolus,
quivis antiburschius,
atque irrisores.
Muera la tristeza,
mueran los que odian.
Muera el diablo,
Cualquier persona en contra de los estudiantes,
y quienes se burlan.
Quis confluxus hodie
Academicorum?
E longinquo convenerunt,
Protinusque successerunt
In commune forum.
¿Por qué hoy tal multitud
de académicos?
A pesar de la distancia están de acuerdo,
Superando el pronóstico del tiempo
En un foro común.
Alma Mater floreat
quae nos educavit,
caros et conmilitones
dissitas in regiones
sparsos congregavit.
Florezca la Universidad
que nos ha educado,
y ha reunido a los queridos compañeros
que por regiones alejadas
estaban dispersos.

Y por incluir una versión cantada en España, el Gaudeamus igitur por el coro de la Universidad Politécnica de Madrid, en enlace que incluye un texto más breve con traducción diferente. Y cantada con un acento que sorprendería a estudiantes alemanes, pero da igual que les pueda sorprender. Mejor dicho, no da igual; es mejor.

Verónica del Carpio Fiestas

Una catedral dentro de la catedral

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Esta hermosísima imagen representa, estilizada pero claramente, una catedral gótica. Hay un rosetón y un pináculo, junto con dos ventanas más románicas que góticas, un edificio con tejas y, nada que ver, y por eso se separa con unas rayas, un águila de sorprendente aspecto heráldico y/o germánico.

¿Y dónde aparece ese dibujo estilizado de una catedral? Cincelado por duplicado a derecha e izquierda, simetricamente,  de la cabeza de la imagen de cuerpo entero de un personaje fallecido, en una antigua y exquisita losa sepulcral de piedra de esa misma catedral gótica, una catedral  que a su vez tiene un rosetón, pináculos, algunas ventanas más románicas que góticas y, alrededor, casas con tejas. La maravillosa catedral de Burgos.

¿Es en efecto una catedral lo que está representado en la imagen? ¿Es incluso la propia catedral de Burgos la representada? ¿O estoy soñando?

Pues no lo sé. Siendo tan singular una representación de la propia catedral dentro de la propia catedral, o en general de un edificio dentro del propio edificio, porque no es cosa de todos los días, resulta que esto no parecen mencionarlo las guías, ni tampoco es posible localizar información sobre la propia losa sepulcral, más allá del dato de que fue descubierta en una reciente restauración de la capilla de la Natividad, que es del siglo XIV y que, tras  restaurarse también la losa, ahora está expuesta al público en la misma capilla donde fue encontrada.

Y en efecto ahí está, a la vista del público, y cubierta por un cristal protector con el que resulta difícilísimo hacer fotos sin reflejos; única excusa que se me ocurre para permitirme incluir en este post tan malas fotos cosecha propia, que, eso sí, son recientes, de tan hermosa obra de arte funerario. A simple vista se observa que la superficie acristalada está húmeda por dentro; sin duda profundos motivos técnicos llevan a proteger una piedra antigua de forma que quede cubierta por un cristal en el que se condensan las gotas de agua.

Una búsqueda afanosa de información, de no especialista curiosa, ofrece como pobre resultado dos cosas: una noticia de un diario local, de 2009, que menciona el dato de que se ha encontrado la losa del siglo XIV y hace referencia a la restauracion de la capilla en general, enlace aquí,  y un post de 2014 de la empresa encargada de la restauración de la losa, con explicaciones técnicas y fotografías de cómo fue restaurada, con el antes, el durante y el después de la restauración, que aclara que las líneas cinceladas tenían restos de pigmentos, y cómo en la restauración se restauró el dibujo, enlace aquí.

Pero por ninguna parte hay forma de encontrar quién era el personaje enterrado, de aspecto probablemente clerical -¿sería un clérigo de la propia catedral y por eso figura en su muerte representado con esta?-, ni se encuentra un análisis artístico de tan preciosa muestra de arte funerario.

Ni, sobre todo, se explica por qué hay una catedral en ella esculpida, si es que la hay. Porque no parece que nadie diga que la hay…

¿Un sesudo investigador estará escribiendo ese sesuso estudio en estos momentos, o el estudio existe publicado ya, y solo a mi torpeza de no especialista es achacable no encontrarlo? Quién sabe. La catedral de Burgos es tan inagotable fuente de belleza y arte que un detalle así quizá ni ha sido detectado, o se considera insignificante. Desde luego la mayoría de los visitantes no parece dedicarle ni un segundo, pudiendo mirar tantísimas otras cosas…

Incluyo más fotos de la lápida, en las que se aprecia la cara apacible del desconocido difunto quien, como es representación iconográfica frecuente, lleva en las manos un libro, y  todo ello con el clásico aire estilizado que quizá ahora asociamos con cierto estilo de cómic o incluso con dibujo infantil. En la primera foto se observa la catedral simétricamente colocada a derecha e izquierda de la cabeza del difunto. En general, se ¿aprecian? los reflejos de luz en el cristal e incluso el reflejo completo de una ventana antigua de la capilla, y la humedad.

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Verónica del Carpio Fiestas

Persona por referencia

WP_20150102_098En la catedral de Burgos hay un sepulcro con la estatua yacente de un hombre joven, cuya cabeza reposa en una almohada de piedra. Su rostro dulce emociona. Y sorprende lo que figura en la inscripción explicativa, si es que se ha entendido bien: no se trata solo fulano de tal, canónigo, sino fulano de tal, canónigo y “sobrino del reverendísimo señor don Alonso de Burgos obispo de Palencia”.

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Una mirada de profano no detecta en sepulcros próximos referencia al parentesco del respectivo difunto con ningún personaje; ni tampoco resulta quizá muy habitual en general mencionar parentescos en los sepulcros excepto en casos de hijos o hermanos de reyes.  Y surge la pregunta: ¿ser sobrino, y de obispo, es dato relevante que describe a una persona hasta en la muerte?

Verónica del Carpio Fiestas

La balanza desequilibrada

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En la capilla de Santa Ana de la catedral de Burgos, en el hermoso sepulcro del obispo Luis de Acuña, figura este relieve, de Diego de Siloé. Se trata, según parece, de una de las Virtudes, la Justicia. La Justicia sostiene en la mano una balanza desequilibrada, y el desequilibrio no parece mera cuestión de perspectiva. Puede que eso para el escultor tuviera un profundo significado simbólico, propio de la época, el siglo XVI, más allá del ornamental;  cuál sería exactamente, no lo sé. Cuál puede ser a día de hoy, sí.

Verónica del Carpio Fiestas