Proceso por la sombra de un burro

«Demóstenes el orador, en una ocasión en que los atenienses le quitaron el uso de la palabra en la asamblea, alegó que solo quería decirles dos palabras y, cuando guardaron silencio, dijo: «Un joven alquiló en verano un burro para ir desde la ciudad hasta Megara. El el centro del día, cuando el sol calentaba con más fuerza, tanto el alquilador como el propietario del burro quisieron ponerse a su sombra. Cada uno intentó entonces impedírselo al otro, sosteniendo el propietario que había alquilado el burro, no su sombra, y manteniendo el alquilador que tenía plenos poderes sobre el animal». Dicho esto, se retiró, y cuando los atenienses lo retuvieron, instándolo a que contara el resto de la historia, les dijo: «De modo que queréis oírme hablar de la sombra de un burro y, en cambio, cuando hablo de asuntos importantes, no queréis escucharme.» [«Cuentos de sombras», seleccionados por José María Parreño, Siruela, Madrid 1989]

Demóstenes se equivocaba: la sombra del burro sí es importante. Más aún, la regula la normativa española vigente. Estamos hablando del inciso final del artículo 1.258 del Código Civil, precepto de uso muy frecuente en los tribunales españoles:

«Artículo 1258

Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces obligan, no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley.»

Ah, y si se quieren saber las posibles consecuencias de un pleito sobre la sombra de un burro, nada mejor que la obra «Proceso por la sombra de un burro», del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990) , sobre el catastrófico pleito de enormes consecuencias e implicaciones políticas, filosóficas, religiosas y de todo tipo entre un dentista que ha alquilado un burro y el propietario del burro, por la sombra del burro y/o por la Justicia. Es una comedia (¿o quizá una farsa o una sátira?), ambientada en la Grecia clásica. De entre las múltiples versiones teatrales grabadas que figuran en Internet, voy a insertar una que solo conserva las voces y no las imágenes de un grupo de teatro más que clásico en el teatro español: la versión de la obra por el «Teatro Experimental Independiente», T.E.I., en 1966. He escogido esta versión por una razón: que, según parece, en su origen la obra de Dürrenmatt fue escrita como pieza radiofónica.

Y si alguien estuviera interesado en analizar una obra aún más clásica en la que hay que tener en cuenta el artículo 1.258 del Código Civil, no tiene más que leer, o releer, «El Mercader de Venecia» de Shakespeare y ver las consecuencias que tiene pactar la entrega de un corazón humano pero sin derramar ni una gota de sangre. Hay alumnos de Derecho Civil que ya lo han hecho…

Verónica del Carpio Fiestas

Un pensamiento conocidísimo de Pascal sobre Ley y Justicia

«[…] nada hay justo o injusto que no cambie de cualidad cambiando de clima. Tres grados de elevación hacia el polo echan por tierra toda la jurisprudencia; un meridiano decide de la verdad; a los pocos años de ser poseídas, las leyes fundamentales se cambian; el derecho tiene sus épocas; la entrada de Saturno en Leo nos indica el origen de tal crimen. ¡Valiente justicia la que está limitada por un río! Verdad aquende el Pirineo, error allende.«

Blas Pascal, «Pensamientos«, sección IV, 294 (Colección Austral, Espasa Calpe, traducción de X. Zubiri, 1940.)

Aunque, claro, quizá Pascal habría escogido otro ejemplo que el de unos Pirineos separadores de Francia de España de haber vivido en la época de la Unión Europea, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y de las directivas comunitarias en vez de en el siglo XVII…

 

Verónica del Carpio Fiestas

Un delito tristísimo en 1926

«Un Teniente de Intendencia muerto a tiros por un ex Oficial del mismo Cuerpo«.  Este es el titular del diario ABC de 26 de diciembre de 1926» de una noticia que empieza así:

«En la calle de la Montera se desarrolló ayer tarde un sangriento suceso de quien fue víctima el teniente de la escala activa del Cuerpo de Intendencia D. José Conde Centeno, que fue muerto a tiros por un ex oficial que perteneció al mismo regimiento hasta hace poco menos de un un año en que, obligado por la oficialidad de aquel, pidió y obtuvo la separación del Cuerpo.
Para relatar de forma ordenada lo sucedido expondremos los antecedentes que dieron origen al drama.
Hace un año aproximadamente, como decimos, y poco después de su regreso de Marruecos, donde hizo larga campaña, el teniente D. José Conde fue a vivir a una casa de huéspedes de la calle de la Magdalena. Allí se hallaba alojado otro teniente de Intendencia, perteneciente a la escala de reserva, llamado Juan Díaz Mayordomo. El trato corriente y usual que corresponde entre compañeros duró poco, porque hasta el teniente Conde llegaron noticias sobre la conducta de su compañero de hospedaje, noticias que se vio obligado a poner en conocimiento de sus jefes y de la oficialidad. Poco después el teniente Díaz Mayordomo solicitó y obtuvo la separación del Cuerpo.
No llegó a formarse Tribunal de honor porque Díaz Mayordomo, que no se justificó de los bochornosos cargos que se le hicieron, aceptó la propuesta de sus compañeros de regimiento. En el procedimiento privado que se siguió se consignaron manifestaciones de asistentes, de la patrona de la casa de huéspedes y de otras personas.«

crimen montera 5

En el año 1926, según reflejan las crónicas periodísticas de la época, un hombre fue muerto a tiros en Madrid, en pleno centro de la ciudad, en la calle Montera. La víctima, José,  era militar en activo. El homicida, Juan, era militar en la reserva. La víctima, de 24 años, se había casado hacía poco y su mujer estaba embarazada. El homicida, de 37 años, no trabajaba desde que, tiempo atrás, pidió pasó la baja del Ejército como consecuencia de que se le iba a abrir un Tribunal de honor. Ninguna duda había sobre la autoría del crimen y sobre la circunstancia de que el homicida mató sin previo aviso con un tiro por la espalda y otro de frente, y que antes había venido profiriendo amenazas contra la víctima y otras personas. El homicida fue condenado a «reclusión perpetua» por un tribunal militar, en Consejo de Guerra.

Las crónicas periodísticas de la época del conocido como «crimen de la calle de la Montera» reflejan el motivo del homicida, de forma críptica. Se cuenta que ambos militares habían coincidido como alojados en una casa de huéspedes y que el fallecido José había observado una conducta indigna en Juan, hechos bochornosos, y que le retiró su amistad por ello; y que como la «vida escandalosa» de Juan había continuado, aquél se vio obligado a dar parte a sus superiores en el Ejército. Se iba a abrir Tribunal de honor contra Juan por los hechos causantes de la denuncia y, antes de llegar a ello, Juan hizo caso de las sugerencias de la oficialidad y pidió la baja. Le quedó un rencor profundo contra quien le había denunciado y otros compañeros a quienes consideraba responsables de su situación.

Hasta aquí las crónicas periodísticas de la época.

Lo que no dicen las muy pudorosas crónicas periodísticas de la época es que la conducta escandalosa por la que el militar fallecido José había retirado su amistad a Juan y lo había denunciado a sus superiores era la homosexualidad de éste. Este dato no sale en las crónicas oficiales, pero consta en las crónicas familiares que me han llegado por tradición oral. Porque el fallecido era pariente mío; y, añade la tradición oral, la familia del fallecido, o sea, la mía, hizo lo posible para que no se impusiera al condenado pena de muerte que al parecer habría sido posible en el caso.

Es decir, que en los años 20 del siglo XX una persona suprimió la relación de compañeros de armas con otra por ser este segundo homosexual, por ser homosexual este lo denunció a sus superiores, por ser homosexual se abrió contra el denunciado una información privada en la que declararon diversas personas, por ser homosexual al denunciado lo iban a someter a un «Tribunal de honor» y por ser homosexual tuvo el denunciado que abandonar el Ejército.

Triste mundo en el que una persona retira a otra su amistad por ser homosexual, que por ser homosexual lo denuncia a los mandos militares, que por ser homosexual hay investigaciones privadas y declaraciones, que por ser homosexual se plantea  Tribunal de honor al denunciado, que por ser homosexual el denunciado debe dejar el Ejército.

Y triste mundo en que una persona de bien -como era considerado el fallecido, y no solo figura así en la tradición oral familiar, sino también en las crónicas periodísticas-, cumple un deber al denunciar a un compañero de armas por ser homosexual para que se tomen contra él medidas graves.

Y triste mundo en el que hay «Tribunales de honor».

Y triste mundo aquel en el que alguien mata por rencor.

crimen montera 2

crimen Montera 1

ABC. 12-1-1927

Y triste mundo en el que se considera agravante de un homicidio que el delito se haya cometido como consecuencia de un acto de servicio, entendiendo por tal, se deduce, denunciar la homosexualidad.

Y triste mundo en el que se somete a Consejo de Guerra, es decir, a jurisdicción militar, y no a la civil, a alguien que ya no es militar.

Y triste mundo en el que hay cadena perpetua.

Triste, tristísimo delito en 1926.

Datos:

ABC de 29 de diciembre de 1926 , enlace aquí

crimen montera 3crimen montera 4ABC de 11 de enero de 1927, enlace aquí

crimen montera 6La Voz, 27 de diciembre de 1926, número completo aquí La Voz (Madrid). 27-12-1926

crimen montera 7crimen montera 8

Sinopsis del artículo 26 de la Constitución vigente, sobre tribunales de honor, con explicación del concepto y la normativa vigente, enlace  aquí.

Verónica del Carpio Fiestas

-Dedico este post a la memoria de mi abuela-