Bésame y abrázame, marido mío

Transcribo literalmente, acentos graves incluidos, la canción que figura con el número XVIII de la publicación por el musicólogo Mitjana, en 1909, del “Cancionero de Uppsala“:

bésame XVIII

Vésame y abràçame
Marido mio,
Y daros en la mañana
Camisòn limpio.
Yo nunca ui hombre
Biuo estar tan muerto,
Ni hazer el dormido
Estando despierto.
Andad marido alerta
Y tened brio,
Y daros en la mañana,
Camisòn limpio

El texto completo del llamado “Cancionero de Uppsala“, con cincuenta y cuatro canciones tal y como publicó el musicólogo Rafael Mitjana la obra recopilatoria del siglo XVI encontrada por él en la Universidad de Uppsala en Suecia, puede ser consultado en enlace aquí y descargado en pdf aquí  cancionero Mitjana. Se trata de una recopilación de canciones o villancicos (villancico no significa canción navideña, ojo) al parecer renacentistas; la canción nº XVIII figura en la página 19.

página 19 Mitjana.JPG

portada

introducciónportada 2

Qué es el “Cancionero de Uppsala” figura hasta en Wikipedia, enlace aquí.

El post podría acabar aquí, con la selección  y transcripción, con un par de referencias, de una canción renacentista española; una canción hermosísima y enigmática. Ya sé que debería acabar aquí el post.

Pero voy a seguir con el post, precisamente porque no solo me parece hermosísima la canción, sino también enigmática.

¿De qué va en realidad esta extraña canción, en la que una mujer se dirige a su marido en tono inocultablemente áspero, le dice que deje de hacerse el dormido y que tenga más brío, le pide besos y abrazos y le promete un camisón limpio para la mañana siguiente? No son tantas en literatura clásica las canciones de amor entre cónyuges y no digamos ya con obvio componente sexual, como para que no merezca la pena dar un par de vueltas a esto, ¿no? Obsérvese que en la canción se usa la palabra “marido”, en esa época no necesariamente equivalente a “esposo”; o sea, que estamos ante una pareja casada, no simples prometidos.

Así que como este no es un blog de alguien que sepa de musicología lo que voy a comentar no tiene nada que ver con música ni musicología. Ni siquiera voy referirme a quién podría ser el autor de letra o música; en la web las veo atribuidas a distintos autores varones, incluyendo Juan del Enzina, o como autor anónimo. Tampoco voy a incluir un enlace a algunas de las grabaciones de Youtube, pero no se olvide que lo transcrito no es un poema, sino una canción.

Así que ahí van mis divagaciones, carentes del mínimo rigor.

Me sorprende que esta canción pueda ser considerado, como he leído por algún sitio, como una cancion de amor de una mujer enamorada. Lejos de mí enmendar la plana a quienes hablen con conocimiento de causa, que yo en esto hablo en plan cuñado, pero, desde mi absoluta ignorancia, ¿no se percibe la aspereza de tono en la canción? Y no puede dejar de extrañarme que esta canción, pueda considerarse como cosa distinta de una canción satírica de trasfondo sexual (¿o qué es “brío” en ese contexto si no, en una pareja que habla en la cama?), en la que la sátira tiene pinta de estar en relación con uno de dos tópicos clásicos, o con los dos: el tópico de los matrimonios entre  maridos viejos e impotentes, por una parte, en una época en la que era frecuente el matrimonio entre un viejo (con los estándares de edad de hoy no sería viejo, pero sí entonces) y mujeres jóvenes o jovencitas, y/o con el tópico misógino antiquísimo de la mujer como ser de apetitos sexuales insaciables. O sea, si acierto, en uno u otro caso esto va de sexo, no de amor. ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Por otra parte, no podemos intentar comprender una canción del siglo XV o XVI como si el amor fuera como el que entendemos ahora y el matrimonio fuera, como regla,  por amor, y esto fuera una canción de amor de una mujer casada por amor que percibe el desamor, o la inapetencia sexual, de su marido. ¿Que podría haber matrimonios por lo que hoy llamaríamos amor? Por supuesto, ¿pero sería estadísticamente lo más corriente?

No lo sé, pero voy a transcribir un fragmento de “La moza del cántaro“, de Lope de Vega, enlace aquí, obra que deja muy claro que incluso en el siglo XVII para una mujer casarse con quien designara el padre era deber filial y para cumplir la voluntad nada menos que de Dios:

MARÍA: Necia estás. No he de casarme.
LUISA: Si tu padre ha dado el sí,
MARÍA: ¿Puede mi padre obligarme
a casar sin voluntad?

LUISA: Ni tú tomarte licencia
para tanta inobediencia.
MARÍA: La primera necedad
dicen que no es de temer,
sino las que van tras ella,
pretendiendo deshacella.

LUISA: Los padres obedecer
es mandamiento de Dios.

Y, por poner otro ejemplo, el deber de obediencia para casarse persistía hasta el siglo XIX, y basta con echar un vistazo a otro clásico conocidísimo, “El sí de las niñas“, de Leandro  Fernández de Moratín, enlace aquí, obra de 1806 en la que los personajes consideran un sacrificio extraordinariamente loable que un hombre entrado en años decida no contraer matrimonio con una jovencita que obedecería a su familia casándose sin amor, y donde la jovencita y su noviete piden perdón por enamorarse entre sí y dan las gracias de rodillas cuando ven que no obligan a la chica a casarse con el viejo y les dejan casarse, anonadados ambos ante tamaña bondad.

sí de las niñas 1

sí de las niñas 2

Podríamos discutir interminablemente si esa selección arbitraria de dos obras de dos siglos muy distintos al siglo de la canción “Bésame y abrázame, marido mío” es muestra suficiente o si es eso, arbitraria. No lo vamos a discutir, que lo reconozco: es arbitraria. Pero difícilmente se puede discutir que el matrimonio romántico tal y como lo conocemos es creación históricamente reciente, y que la libertad para contraer matrimonio con la persona escogida por los propios contrayentes no se consideró esencial jurídica y sociológicamente hasta lo que históricamente viene a ser un suspiro; el amor no era importante para casarse, o se conseguía por otros medios, o se consideraba que el amor, o el cariño, o lo que fuere, ya llegaría en relación con el cónyuge después del matrimonio.

En esas circunstancias, ¿de verdad es esta canción renacentista una canción de amor de una esposa a su marido?

¿Y qué pinta en la canción lo de la promesa del camisón limpio, el camisón prenda unisex, que no de mujer? Porque no pensará quien lea la canción que en el siglo XVI la ropa, incluyendo la de dormir, se echaba a lavar con  frecuencia o que la gente se cambiaba de ropa de dormir con la frecuencia con que nos cambiamos hoy de pijama en la época de las lavadoras y la ropa barata. El mero hecho de tener camisón ya era indicio de que no se estaba en la miseria; ahora que se puede comprar ropa de cama e interior en cualquier sitio por pocos euros resulta difícil hacerse a la idea de que esa ropa era valiosa y había que controlarla mucho porque se robaba, hasta en el siglo XIX, pues económicamente merecía la pena robarla, y que se iba a la cárcel por ese robo. Así da una pista esta parte de la canción, repetida casi a modo de estribillo: que estamos ante una pareja económicamente más o menos acomodada, porque los renacentistas pobres dudo mucho que tuvieran camisón. Pero no da más pistas.

Porque conjeturar por qué la mujer promete al marido, como premio, y repetidamente, un camisón limpio, desboca demasiado la imaginación. Mejor no sigo.

Verónica del Carpio Fiestas

anfisbena5 para firma

Todas iban a ser reinas e iban a llegar al mar pero al final sus ojos quedaron negros de no haber visto nunca el mar

Todas íbamos a ser reinas

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el Valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantaran:

—«En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar»

Poema “Todas íbamos a ser reinas“, de Gabriela Mistral.

Y por la selección del poema y en recuerdo de todas las mujeres a las que se les prometió y promete que serán reinas y princesas pero que nunca vieron ni ven el mar,

Verónica del Carpio Fiestas

anfisbena5 para firma

Jitanjáfora del lenguaje político

—La farandolina en la lejantaña de la montonía
El horimento bajo el firmazonte…
Vicente Huidobro

—¡Democrad! ¡Libertacia! ¡Puebla el vivo!
¡No dictaremos más admitidores!
Pro lometemos, samas y deñores,
nuestro satierno va a a gobisfacerles.

Firmaremos la gaz, no habrá más perra,
zaperán juntos el queón y el lordero,
y quiero promerer y lo promero,
vamos a felicirles muy hacerles.

(Y el horimento bajo el firmazonte,
o el firmazonte bajo el horimento
—ye ca no sé—, brillaba, groma y aro).

—Que me se raiga un cayo si les miento;
fuimos soertes, y, mo lás pimtortante,
¡blasamos hiempre claro!

Poema de Carmen Jodrá Davó, en Las moras agraces, 1999.

Por la traslección y secripción, y por el tost del pítulo,

Verónicel da Cartas Fiespio
digo
Verónica del Carpio Fiestas

¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo (un poema de Rilke)

Rainer Maria Rilke (1876-1926) dialoga en este poema con un amigo muerto, poeta, que se ha suicidado. Enlace al original en alemán y otra traducción al castellano aquí.

Para Wolf, Conde de Kalckreuth

¿No te he visto en verdad nunca? Mi pecho
está apesadumbrado por ti como por un comienzo
muy grave que se aplaza. ¿Cómo empezaría
a invocarte a ti, que estás muerto, tú, con gusto,
apasionadamente muerto? ¿Te alivió eso tanto
como creías, o acaso estaba el dejar de vivir
todavía lejos del estar muerto?
¿Te imaginabas poseer mejor allí donde
no se da valor a la posesión? ¿Te pareció
que allí estarías dentro, en el paisaje,
que acá como una imagen se te esfumaba siempre,
y que desde ese estar dentro llegarías a la amada
y pasarías vibrando con fuerza a través de todas las cosas?
Ojalá que ahora el desengaño no vaya unido
mucho tiempo a tu juvenil error.
Que tú, disuelto, en una vasta corriente de tristeza
y arrebatado, solo a medias consciente,
en el movimiento alrededor de lejanos astros,
encuentres la alegría que, fuera de aquí,
trasladaste a tu soñado estar muerto.
Qué cerca, oh amigo, estuviste aquí de ella.
Cuán segura se hallaba aquí la que tú anhelabas,
la seria alegría de tu precisa nostalgia.
Si tú, desilusionado de dicha y de desdicha,
horadabas en ti y fatigado subías
a la superficie con una visión, bajo
el peso casi frágil de tu oscuro hallazgo:
entonces la llevabas, a la que tú no has reconocido,
llevabas la alegría, ibas por tu sangre con la carga
de tu pequeño salvador, y la pasaste a la otra orilla.
¿Por qué no esperaste a que la pesadumbre
se hiciese del todo insoportable? Entonces se invierte
y pesa porque es auténtica. Ves tú,
eso era quizá tu instante más próximo,
se acercaba ya tal vez a la puerta
con la corona en el pelo cuando la cerrate de golpe.
¡Oh, y qué golpe, cómo resuena a través de los espacios
cuando en algún sitio, por la constante y dura corriente de aire
de la impaciencia, cae algo abierto bajo el cerrojo!
¿Quién podría jurar de que en la tiera
simiente sana no se resquebraja;
quién indagó si en mansos animales
no palpita lascivamente un deseo de matar
cuando ese tirón enciende un relámpago en el cerebro?
¿Quién conoce la influencia que salta
de nuestro obrar a la cumbre cercana,
y quién la acompaña allí, a donde todo se encamina?
¡Que se diga de ti que has destruido,
que eternamente tenga que decirse!
Y aun cuando irrumpa un héroe, que el sentido,
que tomamos por el rostro de las cosas,
arranque como un disfraz, y con furia
nos muestre rostros, cuyos ojos mudos
nos siguen mirando por simulados agujeros:
eso que tú has destruido, eso es como un rostro
que no se alterará. Bloques se veían por el suelo,
y en el aire, a su alrededor, había ya el ritmo
de un edificio que apenas podía sostenerse;
deambulabas en torno y no veías su armonía,
un bloque te ocultaba el otro, todos
te parecían enraizarse cuando, al pasar por delante,
con menguada confianza intentabas
alzarlos. Y en la desesperación
los alzaste todos. Pero tan solo
para arrojarlos de nuevo en la abierta cantera
en la que, dilatados por tu corazón,
ya no cabían. Si una mujer hubiese
puesto su mano leve sobre el comienzo
todavía tierno de esa ira; si alguien
que estuviese atareado, atareado en lo más íntimo,
se acercara a ti en silencio, cuando, mudo, salías
a consumar la acción; si hubiese guiado tan solo
tus pasos hacia una activa herrería,
donde hombres hacen sonar los yunques, donde el día
llanamente se cumple; si en tu mirada llena
hubiera habido el espacio necesario para albergar
la figura de un escarabajo y sus fatigas,
entonces hubieras tenido la clarividencia
para leer la escritura, cuyos signos
desde la infancia habías grabadoen ti,
intentando de tiempo en tiempo formar con ellos
una frase: y te parecía siempre sin sentido.
Lo sé, lo sé: Tú te tendías ahí palpando
las ranuras igual que si palparas
la inscripción de una tumba. Cualquier cosa
que te parecía arder, la tomabas por antorcha
iluminando ese renglón, más la llama se extinguía
antes de que lo abarcaras, quizá por tu aliento,
quizá por el temblor de tu mano, quizá
porsí sola, tal como a meudo se extinguen las llamas.
Nunca lo has leído. Mas nosotros no osamos leer,
a causa del dolor y la distancia.

Y solo vemos los poemas que todavía
sobre la inclinación de tu sentir soportan
las palabras que tú elegiste. No,
no todas las elegiste tu; a veces había un comienzo
que se te imponía como un todo, y lo repetías
como si fuera un mensaje. Y te pareció triste.
Ay, si nunca los hubieses oído por ti mismo.
Tu ángel lo recita aún ahora, acentuando
el mismo texto de otra manera, y en mí el júbilo
se desborda por tal modo de decirlo,
mi júbilo sobre ti, pues era tuyo:
el que de ti cayese todo lo placentero,
y que en ver hayas reconocido
la renuncia, y en la muerte tu progreso.
Eso era tuyo, oh tú, artista, estas tres
formas abiertas. Mira, aquí está el molde
de la primera: espacio en torno a tu sentimiento,
y de aquella segunda te esculpo el contemplar
que nada apetece, el contemplar del gran artista;
y en la tercera, la que tú mismo muy temprano
quebraste cuando apenas entraba el primer chorro
de ardiente y temblorosa lava del corazón al rojo,
allí se había producido, con una labor bien
ahondada, una muerte, aquella muerte propia
que tanto nos necesita, porque la vivimos,
y a la que en ningún sitio estaremos tan cerca de aquí.
Todo esto fue tu bien y tu amistad;
a menudo lo habías presentido; mas luego
te espantó la oquedad de aquellas formas,
quisiste hacer presa en ella y sacaste el vacío,
y te quejaste. Oh, antigua maldición de los poetas,
que se lamentan cuando debieran dejar oír su voz,
que siempre opinan sobre el sentimiento
en vez de configurarlo; que siempre creen
que lo que en ellos es triste o alegre
lo sabían y les era dado declararlo
o celebrarlo en el poema. Como los enfermos,
usan quejumbrosos del idioma
para señalar donde les duele,
en vez de transformarse implacables en palabras,
como el cantero de una catedral, que tenaz
se identifica con la impasibilidad de la piedra.
Aquí estaba la salvación. Si de pronto hubieras visto
como el destino penetra en los versos
y allí se queda, cómo se hace figura en su interior,
y nada más que figura, a manera de un antepasado
que en el marco, cuando levantas hacia él la vista,
si así fuera, hubieras perseverado.
Pero es intranscendente
pensar lo que no fue. También la comparación
tiene un dejo de reproche que a ti no te alcanza.
Todo lo que sucede lleva tal adelanto
a nuestra intenciónque jamás le damos alcance
ni experimentamos cómo surgió realmente.
No tengas vergüenza si a ti los muertos te rozan,
los otros muertos, aquellos que perseveraron
hasta el fin. ¿Pero qué es el fin, lo sabemos acaso?
Cambia tranquilo la mirada con ellos, como
es costumbre, y no temas que a ti nuestra tristeza
te abrume en exceso y llanes la atención entre ellos.
Las grandes palabras, pronunciadas en los tiempos
cuando el suceder era aún visible, no solo son nuestras.
¿Quián habla de victorias? Sobreponerse es todo.

«Requiem», 1908.
Traducción por Jaime Ferreriro Alemparte, en Antología Poética, Colección Austral.

malevich-1

“Cruz negra”, Malévich, 1915

malevich-2

“Blanco sobre blanco”, Malévich, 1918

Por la transcripción y la selección de las ilustraciones,
Verónica del Carpio Fiestas

La malherida España

…Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,

la malherida España, de carnaval vestida

nos la pusieron, pobre, escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con la herida.

 

Fragmento de “Una España joven”, poema del libro “Campos de Castilla, Antonio Machado, 1912.

Por la selección y transcripción,
Verónica del Carpio Fiestas

Shakespeare contra los tópicos

sonnet_130_1609-shakespeareLos ojos de mi amada no son para mí como el sol;
el coral es mucho más rojo que el rojo de sus labios;
si la nieve es blanca, por qué entonces sus senos son oscuros,
si los cabellos son alambres, alambres negros crecen sobre su cabeza.
He visto rosas damascadas, rojas y blancas,
pero no veo en sus mejillas tales rosas,
y en algunos perfumes hay más deleite
que en el aliento que mi amada emite.
Amo oírla hablar, y sin embargo, sé bien
que la música tiene un sonido más placentero;
reconozco no haber visto nunca a una diosa caminar;
mi amada, cuando camina, pisa tierra.
Y, sin embargo, por el cielo, considero a mi amada tan especial,
que no puedo hacer con ella ninguna falaz comparación.

My mistress’eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips’red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damask’d, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath far more pleasing sound:
I grant I never saw a goddess go,
My mistress, when she walks, treads on the ground:
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she believed with false compare.

Shakespeare contra los tópicos: el soneto 130, publicado en 1609. sonetos-shakespeare

Traducción al castellano por Fátima Auad y Pablo Mañé, Ed. Río Nuevo, 1981.

Y doscientos y trescientos años después de que Shakespeare se riera de los tópicos, los labios de las amadas se seguían comparando con coral, sus andares con los de las diosas, sus mejillas con las rosas.

Verónica del Carpio Fiestas

El Eclesiastés

Conviene poner las cosas en su lugar y no perder la perspectiva. Ante tanta bobada vendida como literatura, tanta literatura vendida como Literatura con mayúsculas y tanta Literatura con mayúsculas vendida como indispensable y de primerísimo nivel, no está de más recordar que el primerísimo nivel literario contiene pocas obras, y que muchas que venden como de primerísimo nivel no lo son ni de lejos pero que hay otras que ciertamente lo son, y no debe olvidarse; y que además, por si poco fuera, se pueden leer gratis. Una de ellas es el Eclesiastés, en la Biblia, Antiguo Testamento. Ojo: no estoy hablando de religión, sino de Literatura.

Pocas obras han tenido tanta influencia en la Literatura y en el Arte como el Eclesiastés; las vanitas, por ejemplo, pululan en la pintura barroca. Y de belleza intrínseca, poco hay que decir; basta leerlo en alguna de las innumerables traducciones que circulan, que reflejan una belleza sobrecogedora. Para detalles sobre quién lo pudo escribir, la lengua original, su discutida datación, mire Google; no me interesa, que aquí estoy hablando de belleza y de influencia en la Cultura. Una vez que lea el Eclesiastés, si no lo ha leído hasta ahora, se dará cuenta, retrospectivamente, de cuantísimas veces han quedado reflejadas sus frases, sus filosofía, las imágenes gráficas, en la Literatura -especialmente en la Poesía-, y en el Arte -especialmente en la Pintura-. Sí, las mayúsculas son deliberadas. Porque las cosas hay que ponerlas en su lugar, y aquí estamos en el ámbito de las mayúsculas.

Procure escoger una buena versión; no le den gato por liebre. Pero en todas encontrará aquello de “vanidad de vanidades”, “un tiempo para nacer, un tiempo para morir”, “nada nuevo bajo el sol”. Cada vez que lo leo me parece más hermoso, y además, siempre actual, porque los sentimientos que reflejan no puede ser más actuales, aunque esto sea un detalle menor.

Para convencerle de que de verdad esto son Palabras Mayores estoy dudando si copiar parrafos. Bueno, copiaré algunos, de una de tantas traducciones. Espero que no hayan dado gato por liebre.

Así observé todas las obras que se hacen bajo el sol,
y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.[…
]

Porque no perdurará el recuerdo
ni del sabio ni del necio:
con el paso de los días, todo cae en el olvido.
Así es: ¡el sabio muere igual que el necio![…]

Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
3:2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
3:3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
3:4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
3:5 un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
3:6 un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
3:7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
3:8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz

¿Qué le parece? ¿No le parece impresionante? Hay un tiempo para nacer y otro para morir. Y otro para matar. Y uno para buscar y otro para perder, y uno para amar y otro para odiar. Y uno para guerra y otro para paz.

Yo he visto algo más bajo el sol:
en lugar del derecho, la maldad
y en lugar de la justicia, la iniquidad […]

Yo volví mis ojos a todas las opresiones
que se cometen bajo el sol:
ahí están las lágrimas de los oprimidos,
y no hay quien los consuele.
La fuerza está del lado de los opresores,
y no hay nadie que les dé su merecido.
4:2 Entonces tuve por más felices
a los muertos, porque ya están muertos,
que a los vivos, porque viven todavía;
4:3 y consideré más feliz aún
al que todavía no ha existido,
porque no ha visto las infamias
que se cometen bajo el sol

Pues hay mucho más. Bueno, no mucho más, en realidad. Son solo unas cuantas páginas de poemas. Si le parece poco.

Y no ilustro este post con una imagen o con otra cita porque me saldrían centenares. Así que mejor podemos hacerlo de otra forma, si le parece: busque y lea el poema completo y verá cómo, sin necesidad de pensar mucho, encuentra enseguida usted una imagen de Arte o una cita de Literatura, con mayúsculas, donde se refleje la influencia histórico-cultural de esta poesía, y  la coloca usted mismo mentalmente en este recuadro:

1

Verónica del Carpio Fiestas