¿Jeremy Bentham y los españoles?

El filósofo Jeremy Bentham (1748-1832) dirigió varias cartas a los españoles, entendiendo por tales no siempre solo al español destinatario directo de cada carta concreta, sino el pueblo español. Adjunto dos documentos complementarios.

En primer lugar, una de esas cartas, traducida al castellano en 1820, con el prólogo de su entusiasta traductor.  El título con el que se tradujo no tiene desperdicio: nada menos que “Consejos que dirige a las Cortes y al pueblo español Jeremías Bentham“.

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La obrita -no llega a 20 páginas- presenta redacción y enfoques un poco deslavazados,  y por otra parte no resulta nada claro que Bentham conociera exactamente la situación fáctica y jurídica en España sobre la cual opina -sobre la posibilidad de una segunda cámara legislativa que no fuera de elección-, y en realidad sobre lo que más opina, pese al título, es sobre su propio país, que presenta con los tintes más negros. Pero con todo y con eso creo que merece la pena leerlo, porque algunas cosas que dice son muy agudas y perfectamente aplicables a cualquier lugar y situación donde élites no electivas ostenten un poder y se reservan puestos clave:

“¡Españoles! reflexionad en la oposicón decidida e inextinguible que debe reinar entre la reunión de los pocos que mandan y en bien estar de los mucho que obedecen. ¿Qué reforma, qué mejora, puede haber a que no se opongan con buen éxito, y por su propio interés, un cuerpo de hombres elevados en dignidad, y en cuyo nombramiento no tienen parte alguna los que les son inferiors?

Si tiene poderes, se servirán de ellos en aquel sentido; porque ¿para qué se tienen sino para ponerlos en ejercicio? ¿para qué se pide un veto sino para usarlo? Y ved aquí como lo usarán. Irán contra vosotros hasta el punto en que a su modo de entender se unas sus intereses con los vuestros pero, atendida la inmudable naturaleza del hombre, ¿podéis fundar la menor esperanza podéis tener el menor motivo de creer que darán un paso más allá?”

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Enlace al texto aquí, texto en pdf bentham-consejos-al-pueblo-espanol-1820

A mí me ha impresionado. Pero ¿impresionó también a los coetáneos?

La respuesta, quizá, en el segundo documento, de 1894. El jurista Luis Silvela suelta sapos y culebras y tira con bala al analizar la figura y la obra de Bentham y, en concreto, también, sus cartas a los españoles, en el discurso titulado “Bentham: sus trabajos sobre asuntos españoles; expositor de su sistema en España“. Aparte de decir que no influyeron o influyeron poco, describe a Bentham como un metomentodo universal que reparte consejos indeseados, de atrevida ignorancia y ególatra, de mucho estudio y poco fruto, con muchas obras incabadas y otras que son de sus discípulos más que suyas, y todo ello expresado en el educado lenguaje que es de esperar en un discurso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Es tanta animosidad contra el pobre Bentham, fallecido por cierto mucho antes, y tal contraste con el entusiasta traductor de 1820, que hasta surge la duda de si en efecto Bentham, como dice Silvela, influyó tan poco. Ni se le ocurra, por cierto, leer ese anticuado tocho jurídico; basta con que quede aquí por si alguien tiene la curiosidad de echar un vistazo, con sentido crítico. Enlace aquí , pdf discurso-luis-silvela-1894

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Bentham me suscita simpatía. Es especialmente conocido, y criticado, por su “panóptico” pero, ¿no es en realidad Bentham un visionario y un precursor? ¿Internet no viene a ser una mezcla del panóptico de Bentham y el aleph y las bibliotecas infinitas de Jorge Luis Borges?

¿Y cómo no tener simpatía por quien escribió «Una protesta contra las tasas judiciales» y contra quien detectó que el maremágnum legislativo, como el que por cierto tenemos ahora, beneficia al poderoso, y luchó intensamente para evitarlo?

Verónica del Carpio Fiestas

Jonathan Swift: una mirada muy distinta sobre la Guerra de Sucesión española

La dinastía de Austria fue sustituida en España por la dinastía de Borbón, a la muerte de Carlos II, en una guerra que duró años y que aún tiene consecuencias, y no solo la pérdida de Gibraltar. Esa guerra la ganó Felipe V, si es que una guerra civil la gana alguien. Y la mirada retrospectiva que sobre esa guerra hemos echado muchos es la que nos han enseñado: la mirada desde dentro.

Pero hay otra mirada: la mirada desde fuera.

Y es que en esa guerra no solo pelearon españoles entre sí. Como en tantas otras guerras civiles en España, de las bastantes que hemos tenido, incluyendo la de 1936-39 más de 200 años después, fuimos también teatro y marioneta de intereses de otros. Fue una guerra con intervención de potencias extranjeras, porque se jugaba no solo quién iba a mandar en España sino el equilibro de poderes en Europa, aparte de los intereses económicos de otros países, incluyendo, por ejemplo, el mercado de esclavos.

Y desde esa perspectiva es interesante lo que al respecto escribió nada menos que Jonathan Swift, el autor satírico británico conocido principalmente por “Los viajes de Gulliver” -que está muy lejos de ser ese cuento para niños que algunos quieren hacer creer que es- y también por la “Historia de una barrica” y por “Una modesta proposición” -esta, si no la ha leído, no se la pierda- .

Y lo que escribio Swift sobre la guerra de Sucesión española fue un panfleto contra el Gobierno inglés de su tiempo, acusándolo de haber prolongado esa guerra por intereses económicos espurios de poderosos.

Aparte de presentar curiosamente a Inglaterra como una víctima que ha puesto mucho esfuerzo para recibir poco y de ostentar el carácter de literatura panfletaria quizá de encargo, y no exactamente pacifista, es interesante comprobar cómo se ven las cosas desde fuera por quienes, precisamente, se injerían en las cosas nuestras de dentro. Este panfleto por lo visto fue muy difundido en Inglaterra y al parecer en efecto tuvo consecuencias para provocar un cambio de rumbo en el gobierno en Inglaterra, e influyó en que se firmara el Tratado de Utrecht; ese tratado en el que España perdió Gibraltar.

Y aun siendo conscientes de la posibilidad de ese carácter panfletario y exagerado, y hasta manipulador o poco fiable, e incluso teniendo en cuenta la enorme cantidad de referencias históricas que resultan imposibles de entender salvo para especialistas, es difícil para una persona interesada en la Historia de España y en la Historia actual de España ver esa guerra con los mismos ojos tras leer o siquiera hojear ese panfleto.

Y es que no es una guerra española lo que vemos con la mirada de Swift, sino algo totalmente distinto: una guerra en España.

Aquí el texto en inglés “The conduct of the Allies”, de Jonathan Swift, obra de 1711,

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y la traducción al español que puede encontrarse en las Obras Selectas de Jonathan Swit, editadas por Swan, volumen que contiene una introducción sobre este panfleto muy ilustrativa.

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 Verónica del Carpio Fiestas

Ucronías. La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco en 1959

Si quien esto lee es docente de Secundaria que cree que de este blog puede extraer alguna idea para su alumnado quizá se encuentre en este post con unos problemas. ¿Saben los alumnos de Secundaria qué es una ucronía y conocen algún ejemplo literario o cinematográfico? Eso seguro que no lo saben; me apuesto una comida. Pero la cosa va más allá. ¿Cuántos alumnos saben que Franco no murió en 1959 y captarán la trampa, o el chiste, del título del post? En la adolescencia cualquier tiempo anterior al propio nacimiento se mueve en una nebulosa en la que 1975 y 1959 es lo mismo, y también es lo mismo 1940 y, si me apuran, 1840. Pero, más aún, ¿cuántos alumnos de secundaria saben siquiera quién fue Francisco Franco? ¿Y cuántos de quienes oyen aquí y allá lo del “drama de los refugiados” o “la crisis de los refugiados” o incluso “la amenaza de los refugiados”, según cuál sea su entorno personal y televisivo, saben que los españoles hemos sido refugiados, y no solo huyendo en 1939 y teniendo que estar fuera de España aún en 1959 y más tarde, sino muchas veces antes a lo largo de nuestra Historia? Para quienes también oyen constantemente las bobadas periodísticas tipo “el mejor futbolista de la historia” o  “el videojuego más descargado de la historia”, como si a lo largo de la Historia siempre hubiera habido futbolistas y programas de ordenador que descargar, la perspectiva de interpretación de situaciones es corta. Muy corta.

Y quienes tienen perspectivas cortas para interpretar situaciones son, claro, fácilmente manipulables. Y parte de la función docente es enseñar a ser críticos y a tener perspectivas menos cortas para conseguir una ciudadanía menos manipulable. ¿O no?

Así que mi sugerencia es que busquen en Internet un cuento de un escritor casi olvidado, Max Aub, titulado “La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco“. Se lo pongo fácil, y aquí va un enlace. Y ahí verán descrita la vida del exilio. Y verán que en efecto hubo un exilio. Y ahí verán cómo nos pueden ver desde fuera a los españoles (gritones, groseros, agresivos); muy parecido a como xenófobos españoles ven a personas procedentes de otros países. De las refugiadas y de las españolas, por cierto, no se habla.

Ah, y en ese cuento verán una ucronía: la de la muerte de Francisco Franco en 1959, asesinado a manos de un camarero mexicano de un café de México, un camarero ya con úlcera de estómago tras atender y oír veinte años seguidos a refugiados españoles clientes del establecimiento, y deseoso de quitárselos de encima aunque sea matando él mismo a Franco para que esos refugiados puedan volver a España. No destripo el final. Sí voy a destripar el casi final:

“Parece inútil recordar los acontecimientos que, para esa época, se habían sucedido en España: formación del Directorio Militar bajo la presidencia del general González Tejada; el pronunciamiento del general López Alba, en Cáceres; la proclamación de la Monarquía, su rápido derrumbamiento; el advenimiento de la Tercera República.”

Verónica del Carpio Fiestas

Goethe, Antonio Machado y los limoneros

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero“.

Cualquier hispanohablante mínimamente culto en España conoce estos dos versos. Así empieza el famosísimo “Retrato“, o mejor, autorretrato, de Antonio Machado, en “Campos de Castilla“; el limonero de su infancia estaba nada menos que en el palacio de los duques de Alba, en Sevilla, donde vivió en su  infancia.

Y quizá no cualquiera en España sabe que Goethe escribió esto:

¿Conoces el país donde florecen los limoneros// y las áureas naranjas refulgen en lo umbrío […]?”

O en otra traducción, escogida al azar, de la masa de Internet:

¿Conoces el país donde florece el limonero, centellean las naranjas doradas entre el follaje oscuro […]?”

La canción, o el poema, o como se quiera llamar, “Mignon“, de Goethe no se refiere a Sevilla, sino a Italia. Más de cien años antes que Machado, Goethe usa un limonero como metáfora del paraíso del sur, del Sur, de un Sur que no está en España sino en Italia. Una inevitable relación entre ambos poemas surge en la mente de esta hispanohablante que conoce ambos, con la también inevitable consecuencia de pensar que qué lástima, o qué curioso, que el limonero de Goethe estuviera en Italia y no en otros sures, como el de Andalucía. De nuevo nos encontramos con algo ya tratado en este blog: como el Gran Tour británico y sus equivalentes germánicos no alcanzan a España, ese país remoto y peligroso, no pintoresco sino miserable, no artísticamente interesante sino decadente o sencillamente carente de interés, paradigma de la ignorancia y de la intolerancia, que no merecía la pena ni mencionar, salvo para hablar de la Inquisición, la Leyenda Negra y esas cosillas.

Y, oh sorpresa, héteme aquí que esa idea de relacionar el poema de Goethe con Andalucía no solo no soy la primera en tenerla, vaya, sino que por lo visto, me informa amablemente Internet, hasta la tuvieron viajeros del siglo XIX, mucho antes de que el poema de Machado nos sugiriera a hispanoparlantes esa asociación mental del limonero con una Andalucía doblemente idílica por ser la de una infancia idílica rememorada con nostalgia por un poeta en su mediana edad. El enciclopédico Internet me revela que resulta que llegaron mi querido George Borrow y otros viajeros intrépidos del XIX y colocaron los limoneros de marras en Andalucía. Transcribo un párrafo de un libro que he hojeado, no leído, sobre la imagen de España en los viajeros extranjeros del siglo XIX;

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Y qué entonces mejor que incluir un enlace a “La Biblia en España“, el maravilloso libro de George Borrow, en la traducción disponible en Internet nada menos que de Manuel Azaña. En la que, por cierto, no encuentro por ninguna parte esa cita de Goethe, ni insinuada, pero, bueno, será problema mío, y da igual. Da igual, sí; no se pierda a George Borrow, que no tiene desperdicio. Y no le incluyo más datos de Borrow porque para qué, si está todo en Internet; un blog personal no tiene que repetir lo dicho por otros, que no solo está feo, sino que es inútil. Valga este post, si vale para algo, para poner juntos ante la vista de quien esto lea a tres autores que difícilmente podrían ser más distintos, Goethe, Machado y Borrow, con mi comentario, y esto por favor que no salga de aquí, porque ya es pasarse de heterodoxa, de que puestos a escoger, me quedo con Borrow. Goethe, lamento decirlo, me parece un engolado pelma y Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister” me aburrió soberanamente. En cambio con Borrow, cada vez que lo leo -y lo he leído y releído-, disfruto y me río. Qué intrépido el hombre, qué país el que describe. Es genial.

En cuanto a Machado, solo recuerdo haber sonreído con él en dos poemas: “Las moscas“, de “Soledades“, y, naturalmente, con “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido”, de “Campos de Castilla”.  Busque en Internet; es fácil. Hasta hay versión cantada por Joan Manuel Serrat, no le digo más.

Verónica del Carpio Fiestas

Españoladas de las malas y de las buenas

Diccionario de la Real Academia Española:

españolado, da.

2. f. Acción, espectáculo u obra literaria que exagera el carácter español.

La definición de la Academia merecía quizá una revisión, o añadir alguna acepción más. Una españolada podría ser, más bien, aquella obra artística o literaria en la que el carácter español y sus costumbres son descritos con los ojos de persona extranjera generalmente ilustrada que no comprende lo que ve, pero que se cree que lo comprende, y además lo expresa en serio, creyéndolo fiel reflejo de la realidad. Porque no es que exagere, sino que piensa que lo pintoresco, turbulento y “romántico” que describe no solo es fidedigno y cotidiano, sino que capta la esencia. Escritores españoles del siglo XIX se reían ya de ello, de cómo quienes llevaban quince días en España se permitían describir el país, sus costumbres y sus cuidadanos, campanudamente; y no me refiero al caso de mi apreciadísimo George Borrow. Yo, en el XXI, también me río. Cuando no me río es cuando pienso que ello ha dado lugar no solo a interpretaciones desde fuera que han condicionado, y quizá aún condicionan, actitudes incluso políticas y prejuicios de largo recorrido, sino a lo mismo desde dentro, como si correspondieran a la realidad, y a sesudos análisis sobre si corresponden o no.

Lástima que cuando los aristócratas británicos (varones, claro) realizaban el llamado “Grand Tour”, España rara vez estuviera incluida en el itinerario habitual, prueba de que lo poco que importaba España en esa época desde el punto de vista de patrimonio cultural -desde el punto de vista político, como no fuera para invadir, más bien entre cero y nada-; la notoria dificultad de los caminos y la inestabilidad política permanente no podían ser la causa pues también las había en otros sitios. Muy distinto para la percepción de un país desde fuera de él es que viajen a ese país unos pocos viajeros intrépidos y excéntricos a que vayan a él sistemáticamente los hijos de familias nobles del país entonces hegemónico. Aunque quién sabe; de haber sido otro el caso, quizá los estereotipos sobre España serían los mismos o peores.

De Washington Irving, autor de los deliciosos -sí, deliciosos, por qué no- “Cuentos de la Alhambra”, españolada clásica, no se va a hablar, más que nada porque ya he hablado de este autor en otro post. Vayamos con otros autores. Unos, con españolada “realista”; otros, puramente metafórica.

  • Stendhal. El admirado y admirable Stendhal de La Cartuja de Parma, ya tratada en este blog con toda la reverencia que merece, acierta poco en dos cuentos “españoles”, por llamarlos de alguna manera, porque cuentos son, en la mala acepción, y españoles, regular: “El arca y el aparecido” y “El filtro” puede que sean cuentos románticos, en el sentido literario del término; a mí, aparte de eso, me parecen cuentos ridículos, involuntariamente. Sean suyos o adaptación de temas anteriores, me provocan impaciencia y vergüenza ajena, por el cúmulo de errores de todos los tipos, y de otra cosa que rima con “tipos”: estereotipos. Y lo digo con o sin permiso de los stendhalianos de estricta observancia, porque soy stendhaliana por gusto, no por obligación y con orejeras y esto es un blog personalísimo, no uno de crítica literaria.
  • Merimée y “Carmen”, y “Carmen” y Bizet. Perpleja me quedo cada vez que leo que Carmen es el arquetipo de la mujer española o, puestos a escoger, y esto ya me deja estupefacta, de la mujer libre, como he leído que declaraba, al parecer con toda seriedad, alguna cantante de ópera que interpretaba el papel. El mito de Carmen.Carmen portada

¿Trágico? ¿Correspondencia con la realidad? Ríos de tinta corren sobre ello, y muchos son ríos de tinta seria. ¿De verdad han leído el libro de Merimée todos los que hablan de esto? Pero tendré que pensar que estoy equivocada cuando tanta coincidencia hay en lo contrario. Será, sí, problema mío. Intentaré enmendarme. Disculpe.diablo mujer 2diablo mujer 1

  • En “El diablo es mujer”, la cosa es un poco distinta y mejor. “The devil is a woman”, “La femme et le pantin”,  película de 1935 dirigida por Josef von Sternberg -prescindo del libro del que al parecer es adaptación, que no he leído- y protagonizada por Marlene Dietrich.  Es una españolada manifiesta, flagrante, apoteósica, ambientada, se deduce, a finales del siglo XIX. No tiene precio ver a la inequívocamente germánica Dietrich de cigarrera -sí, como Carmen, y no acaban ahí las semejanzas, que también coinciden, por ejemplo, en que la protagonista es una mujer mala y una mala mujer, y en que aparecen un militar y, naturalmente, un torero- y con flores en el pelo y cantando y bailando “a la solana carnavalespañola” y repartiendo mohínes seductores. Pero al menos esta película no oculta y disfraza su misoginia de manual -el paradigma de la pérfida mujer fatal que con su perverso poder sexual arrastra a la perdición a los pobres varones indefensos, uno tras otro-, como en las otras obras de Bizet y Merimée, y sin duda presenta una gran belleza formal especialmente en fotografía. Vea este enlace con fragmentos y comentarios; al parecer se prohibió por autoridades españolas por ofrecer una visión distorsionada de España -y vaya vaya vaya si la ofrece-, e incluso se pidió la destrucción de negativos a la productora. Algunas escenas de carnaval, próximas al expresionismo, o cayendo de lleno en él, presentan una curiosa semejanza con las pinturas del pintor español José Gutiérrez Solana, que quizá sería interesante saber si fue conocido por Sternberg. En la película de Sternberg se va directamente, sin complejos, al esterotipo de caracteres y costumbres, cliché tras cliché, sin molestarse en más. Mucho mejor que pensar que se describe la realidad y tomarse esto en serio.
  • Y mi favorito: Manuscrito encontrado de Zaragoza, larga novela escrita en francés por el escritor polaco Jan Potocki, fallecido en 1815. No me atrevo a describirla, y casi diría que es indescriptible. Piense en las Mil y una noches, estructura multiforme de cuentos dentro de cuentos, de todos los tipos, enfoques y temas, en un marco general de argumento de aventura, ambientada básicamente en el siglo XVIII, época de Felipe V, y lo que imagine estará muy alejado de la realidad, y a la vez muy próximo. Sí, son 500 páginas, y da gusto leerlas. Gran literatura fantástica o surrealista o novela gótica o novela prerromántica de un ilustrado o delirios, o lo que sea, bajo disfraz de novela de aventuras, con el artificio clásico del manuscrito encontrado, facil de leer, y variada, muy variada; un no parar. Vamos, que incluye no solo desafíos, bandoleros, moriscos, el mito del judío errante y tesoros escondidos, sino hasta sugerencias incestuosas y magia y aparecidos. Como si fuera un best seller -aunque estamos hablando de una de las grandes novelas de la literatura europea, pese a ser muy desconocida- y de españolada, porque parte de la novela transcurre en España, incluyendo nada menos que en Sierra Morena. Olvídese de Carmen de Merimée y de españoladas de Stendhal, y mejor lea este libro, como no hay dos. ¿Que es españolada? Da lo mismo porque es eso pero también mucho más; de todo. No se aburrirá, seguro. Hay varias versiones, pues su publicacion fue de tanta aventura como el argumento, y yo solo puedo opinar por la que he leído:potocki

Y a diferencia de la mayoría de las obras citadas -salvo destellos en El diablo era mujer-, hay dos cosas que Manuscrito encontrado en Zaragoza sí tiene, pese  ser serio en estructura y planteamiento: ironía y sentido del humor.

¡Ay!, dijo, ¡por qué no habré hecho caso a Fray Jerónimo de la Trinidad, monje predicador, confesor y oráculo de nuestra familia! Es cuñado del yerno de la cuñada del suegro de mi suegra, y como es el pariente más cercano que tenemos, en casa no se hace nada sin su consejo. No he querido seguirlo y por eso me veo justamente castigado. Y mira que me había dicho que los oficiales de las Guardias valonas eran gente herética, cosa que se reconoce fácilmente por sus cabellos rubios, sus ojos azules y sus mejillas rubicundas“.

Verónica del Carpio Fiestas

Cochinillos fotográficos o cómo nos ven desde el extranjero

Es legendaria la belleza de las fotografías de National Geographic. La interminable lista de fotos de referencia abarca personas, paisajes, animales, Arte y cosas y situaciones, y muchas fotos son obras maestras. Todo un mundo, todo el mundo, todo el Planeta, está ahí. Desde personas y Naturaleza en general a ritos religiosos, desde denuncia implícita en contrastes de pobres y ricos a juegos de luz y sombra o de colores y formas por pura búsqueda de belleza y sin afán de denuncia y hasta las explosiones atómicas y las expediciones al Polo y a la luna. ¿A que le viene a la memoria la bellísima foto de la joven refugiada afgana, de ojos verdes?

Desde el punto de vista paisajístico, de Naturaleza y etnográfico-documental lo mejor, lo más completo, lo más representativo, está ahí en fotos además de una belleza formal indiscutible. ¿No?

Pues a lo mejor no. Veamos.

Si estuviera en mano de usted comisariar una exposición antológica para celebrar los cien años del National Geographic, con ánimo de abarcar todo el Mundo, una amplia gama de temas y las más hermosas y significativas fotografías, ¿qué fotos referentes a España escogería, en el entendido de que nada le impide no incluir ninguna foto de un país, o incluir más de una?

En Estados Unidos, en el año 1988, la Corcoran Gallery, al parecer uno de los más antiguo museos de Estados Unidos, con obras de Rembrandt y de los impresionistas, y de referencia en fotografía, o sea, una institución por lo visto muy seria -que por cierto, vaya, resulta que cerró hace poco-, tuvo acceso a los archivos completos del National Geographic desde 1870, para organizar la exposición “Odyssey, the Art of Photography at National Geographic” con un catálogo con esta portada:

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Y publicado el catálogo como lujoso libro, que aún puede encontrarse para su compra en Internet, y con fotografías sueltas también fácilmente localizables en abierto, con unas fotografías que quitan el aliento, Arte incluso en el dolor, la muerte, la miseria y la guerra, y temática espectacular, dura o neutra, entre ESAS fotografías, héteme aquí, oh, sorpresa, que la única fotografía que se refiere a España es ESTA:

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Se trata de una fotografía del fotógrafo O.L. Mazzatenta. El mismo fotógrafo que fotografió para el National Geographic las excavaciones de las estatuas de los guerreros de terracota en China, las víctimas de antiguas erupciones volcánicas del Vesubio o la restauración de la Capilla Sixtina. Ahí es nada.

La fotografía es descrita en el catálogo en los siguentes términos:

O.I. Mazzatenta

Madrid, Spain, 1985

Window display in the 260-year-old Casa Botín restaurant -a favorite of American writer Ernest Hemingway-announcing the house speciality, roast sucking pig. Published February 1986, “Madrid: The Changing of Spain”

De todo el catálogo, que abarca 289 fotografías, es sin ninguna duda la fotografia estéticamente más fea, y no solo eso,  y muchísimo peor: la única carente de dignidad. Porque las muchas fotos de miseria, tortura, enfermedad, hambruna, muerte,  con temas durísimos, tienen una profunda dignidad, y belleza, y también las de cosas  o situaciones simplemente curiosas o pintorescas o neutras. Esta de unos cochinillos muertos en el escaparate de un restaurante, con una hoja de lechuga en la boca, como reclamo publicitario, no solo carece de belleza fotográfica, sino de dignidad como tema y enfoque.

Y, por cierto, ¿alguien llevó al fotógrafo a dar una vuelta por el barrio antiguo de Madrid y a comer a Botín, como es un clásico con los extranjeros con los que hay compromiso, o lo encontró él solito echando mano de cualquier guía para turistas? ¿Será que es así como se hacen los reportajes sobre un país? ¿Quedándose en la capital y yendo a comer a un restaurante que sale en todas las guías? Mejor pensar que no es así, porque da un poco de miedo. Uf.

De la lista de tópicos de la descripción de la fotografía, mejor ni hablamos. España y Hemingway. Ay.

Pero en fin, vayamos al fondo del asunto. Al fondo fotográfico del National Geographic.

De cien años de fotografías sobre todo el mundo, ¿cuántas sobre España habría en el fondo fotográfico del National Geographic? ¿Pintorescas, terribles, neutras? Incluyendo, que sé yo, sobre la miseria de Las Hurdes en los años 30 del siglo XX, la Guerra Civil, las procesiones, el arte románico, los sucesivos reyes y dictadores, las obras de Gaudí, las obras de Picasso, el Museo del Prado, los Pirineos, las muy variadas casas de pueblo, las muy variadas barbaridades que hemos vivido, las tristezas y las alegrías de las gentes o si me apuran los sanfermines y hasta las corridas de toros? ¿Tres? ¿Siete? ¿O quinientas? ¿Y cuántos reportajes habrá habido sobre nuestro país en el National Geographic?

Pues sean tres, siete o quinientas las fotografías del fondo fotográfico, y sean decenas o contados los reportajes, resulta que se ha escogido, y queda, para representar cien años de un país, para los anales, una foto de 1985 de unos cochinillos muertos con una hoja de lechuga en la boca, indigna y estéticamente fea más no poder.

Y en un país como Estados Unidos donde los conocimientos de Geografía más allá de sus fronteras por una amplia capa de la población suele considerarse que entran en lo nebuloso, donde quien más quien menos conoce casos de gente que cree que España está situada en Sudamérica y no en Europa, resulta que la única fotografía que unos serios comisarios de una muy seria institución cultural de una muy seria exposición antológica de los fondos fotográficos de la que en definitiva es una muy seria sociedad para la difusión de conocimientos geográficos inicialmente, ahora también científicos, arqueológicos, de patrimonio y más temas muy serios y profundos, si nos atenemos a la propia descripción de Wikipedia, han considerado oportuno incluir una fotografia de 1985 de unos cochinillos muertos con una hoja de lechuga en la boca, indigna y estéticamente fea más no poder.

¿Cómo será la información que de  nuestro país disponga la élite cultural, puesto que fue gente de esa élite cultural la que escogió esa foto? Y, por tanto, ¿cómo será la información de quienes NO son élite cultural?

Y una de dos: o tenemos muy mala suerte o la selección de fotografías sobre el resto de países es para ponerla en cuarentena.

O de tres. Tercera posibilidad, somos como nos ven:  Oink, el país de los cochinillos muertos con la hoja de lechuga en la boca.

Veronica del Carpio Fiestas